Hunklopedia: Relatos Largos

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lunes, 12 de mayo de 2014

Now That I Have You Standing There...


The cold wind from the North blows in the empty streets of the city when I had to go to meet my date. After spending hours in front of the mirror I walk towards the bridge, one of the places I knew when I arrived in this city, unknown to many, but my second home to me. I zip up my sweater; it is colder than what I had expected.

I meet him wandering on the bridge. When I reach his position I greet him and have a glance at him for the first time; he is one of the cutest guys I have ever met. He is blonde, blue eyes, short hair with the right amount of product in it, slim and an emerging beard that makes him look older than what he really is. I shake his hand and we decide to go to have a drink.

When we are sitting in front of each other I realise I have done well meeting him for drinks; he is quite shy and needs some alcohol to open up. Even if we do not speak the same language we do not have problems to communicate; words actually do not matter when those deep blue eyes look at you. As time goes by, we realise we have many things in common; we both hate football and love photography. I translate some sentences using my phone such as “Is there attraction?” His answer is a big yes followed by an unbelievable smile.

After finishing the drink we head home sharing a few words and jokes along the way. Once at home we go slow, enjoying every second of it. I caress his hand while he takes a look at one of my books trying to find a translation to a sentence he does not manage to express. Suddenly, words start not to matter anymore when I ask his permission to kiss him.

When our lips touch each other’s I forget everything and let myself go. We take off our clothes and let desire take over. I move my hand through all his naked body while we keep kissing. I enjoy every single kiss and every caress as it was the first one. I find out the cock-ring he hides within his underwear and I start exploring that area deeper. He holds my head while I do my job; I look at him in the eyes, enjoying the sight off him having such fun.

We cuddle before, during and after it. He confesses he has felt like never before and that he wants to meet again. After cuddling in bed for a while we get dressed and we share a big kiss as a goodbye.

I go back to bed and check that his scent is still everywhere. I bury my head in the pillow and smell his sweet perfume. I fall asleep instantly hoping with all my strength to see him again; see him again before I leave this city that has taught me what freedom is behind.


El frío viento del norte cae sobre las calles desiertas de la ciudad cuando es la hora de la cita. Tras pasar horas preparándome voy al puente, uno de los primeros lugares que conocí cuando llegué a esta ciudad, desconocida para muchos, pero como un segundo hogar para mí. Me abrocho la sudadera, hace más frío del que pensaba.

Me lo encuentro vagando por el puente, tras llegar a su altura lo saludo y lo miro de cerca por primera vez, es uno de los más guapos con el que he quedado hasta la fecha. Rubio, ojos azules, pelo corto y engominado, delgado y una barba incipiente que hace que parezca más maduro de lo que realmente es. Le estrecho la mano y vamos a tomar algo.

Cuando estamos sentados cara a cara puedo comprobar que hice muy bien en quedar para tomar algo, es bastante tímido y necesita alcohol para abrirse. Aunque no hablamos el mismo idioma no tenemos problemas para comunicarnos, pero las palabras sobran cuando esos dos ojos azul profundo te miran. A medida que pasa el tiempo nos damos cuenta de que tenemos cosas en común, como que odiamos el futbol y que nos encanta la fotografía. Traduzco algunas frases con el móvil, entre ellas la pregunta clave: ¿Hay atracción?. La respuesta es un sí rotundo seguido de una sonrisa de ensueño.

Tras acabar la copa nos vamos a casa, compartimos algunas palabras y bromas por el camino. Una vez en casa vamos muy poco a poco, disfrutando de cada segundo. Le acaricio la mano mientras ojea uno de mis libros, buscando la traducción de una frase que no logra expresar; pero las palabras vuelven a sobrar cuando le pido permiso para besarlo.

Cuando nuestros labios se cruzan olvido todo por un largo momento, y me dejo llevar. Nos quitamos la ropa y dejamos que el deseo hable a través de nuestros cuerpos. Recorro con mis manos su cuerpo desnudo mientras seguimos besándonos, disfruto cada beso, cada caricia, como si fuera la primera. Descubro el cockring que esconde bajo la ropa interior y empezamos a conocernos más a fondo. Toma mi cabeza con las manos mientras hago mi trabajo, lo miro a los ojos de nuevo, disfrutando al verlo disfrutar, desde otra perspectiva.

Nos abrazamos antes, durante y después, me confiesa que se ha sentido como nunca y que quiere volver a quedar. Tras estar un rato juntos, abrazados en la cama, nos vestimos y nos despedimos con un beso en la entrada.

Vuelvo a la cama y compruebo cómo su olor sigue por todas partes. Hundo la cabeza en la almohada y aspiro su perfume. Me duermo al instante, esperando con todas mis fuerzas volver a verlo otra vez. Verlo otra vez antes de dejar este pequeño remanso de libertad atrás.


domingo, 30 de marzo de 2014

Dobranoc

La oscuridad había caído hacía horas sobre la ciudad, convirtiendo aquel lugar lleno de vida durante las horas de sol en un páramo desierto de gente. Cierro la cremallera de mi abrigo mientras voy al encuentro de mis amigos. Cuando los encuentro nos ponemos en marcha de nuevo.

Ha sido un día largo, hacer turismo es agotador, y más si te pasas 12 horas de pié y sólo 4 en la cama la noche anterior. Los pies me pesan y la espalda me está matando, pero aguanto un par de horas más antes de dar por concluida la jornada.

Nos tomamos la primera cerveza de la noche, mis amigos están deseando conocer el local al que vamos a pasar la noche. Temerosos al principio de que no nos dejen entrar procuramos arreglarnos más de lo que ya estábamos. Tras acabar nos acercamos al umbral y conseguimos entrar, no ha habido que preocuparse de nada.

Dejamos los abrigos y nos vamos a bailar, la pista esta abarrotada de gente, nos deslizamos entre la multitud hasta ponernos cómodos y bailamos. Comienzo a conocer a varios amigos, mi inglés me permite relacionarme bastante bien.

Las horas comienzan a pasar mientras nos desplazamos de una sala a otra, el humo hace menos agradable la estancia pero consigo aguantarlo. Seguimos bailando esperando cazar a alguno, pero ser extranjero en estas tierras no parece ayudar. Cada vez siento más pesados los pies, miro el reloj y ya han dado las 2 de la mañana, intento escaparme pero el alcohol en las venas de mis amigos parece hacerlos más persuasivos.

Hago acopio de las fuerzas que me quedan para seguir adelante, hasta que de nuevo llego al límite y estoy a punto de salir por la puerta.. cuando el entró. Agarrado al brazo de su amiga está el joven rubio, alto, de ojos azules por el que merece la pena bailar un poco más. Se acercan mucho a donde estamos y se ponen a bailar a nuestro lado. Ambos nos acercamos un poco y nos miramos a los ojos, cuando me quiero dar cuenta ya hemos deslizado nuestros brazos por la cintura y comenzamos a bailar pegados.

El tiempo se para para mí en estos momentos, bajo y subo la cintura al ritmo de la música a la vez que mi compañero de baile, lo toco, me toca y ya noto que algo aprieta en la entrepierna. Nos presentamos y hablamos un poco antes de seguir bailando un poco más separados. Recupero las fuerzas a un ritmo que hasta me sorprende.

Todavía seguimos bailando cuando juntamos nuestras frentes y nos seguimos surcando el cuerpo con las manos. Lo beso en los labios, cuando acabo de darle el beso el sonríe y pide más. Nos abrazamos y repetimos, la noche ha merecido la pena.

Tras un rato así nos sentamos y hablamos un poco más, es más joven que yo, parece interesante, pero por desgracia nos separan más de 3 horas de viaje. Intercambiamos los números de teléfono, por si el destino quiere que nos volvamos a encontrar.

Tras dar el último baile nos despedimos en la puerta del local, saludo a sus amigos con la mano antes de darle un beso en la mejilla, él me lo devuelve antes de salir por la puerta, sigue sonriendo a medida se aleja y lo pierdo de vista. La misma sensación de tantos años atrás vuelve a invadirme, un instante tan efímero de complicidad que se desvanece de nuevo al cabo de poco tiempo.

La luz del sol ya brilla en la calle de nuevo, vuelvo a casa mientras miro el número de teléfono y su nombre mientras camino por las calles desiertas, esperando sin mucha ilusión y al borde del llanto, volver a verlo algún día.

domingo, 23 de febrero de 2014

Jäger (The Hunter)

La oscuridad envolvía toda la sala. La gente bailaba, muy cerca los unos de los otros, y sobre ellos caían de vez en cuando las luces de los focos del techo, deslumbrándolos durante una fracción de segundo para volver a sumirlos en la oscuridad. La música retumbaba en su cabeza mientras observaba toda la escena desde su puesto.

Con la espalda apoyada en la pared sorbía lentamente de su copa mientras observaba cada mínimo detalle de la escena ante el. Dos metros delante de él una pareja compartía un beso, algo más adelante un chico deslizaba sus manos bajo el pantalón de su compañero de baile mientras lo besaba con fuerza. En la pared contraria otros dos chicos se estaban enrollando, uno besaba el cuello del otro mientras éste dejaba que le metiera mano; mientras que en la barra un chico de mirada picarona flirteaba con el camarero. Dio otro sorbo a la copa mientras intentaba dar con lo que había venido a buscar, parecía que, como cada noche de fiesta, volvería a casa sin encontrarlo.



Echó la cabeza atrás y soltó un suspiro, el alcohol estaba empezando a hacer efecto. Cerró los ojos unos segundos y cuando los abrió y volvió a ver de nuevo su coto de caza particular se percató de que algo había cambiado en la sala. Recorrió rápidamente la sala con la mirada hasta que lo vio entrar, aquella era la presa que había estado esperando. Lo vio atravesar la multitud y llegar a la barra a pedir. Lo observo de nuevo, era su tipo: Alto, pelo oscuro y corto, muy masculino, con barba de un par de días, espalda ancha y atlético, pero sin exagerar. Llevaba puesta una camisa blanca bajo la cazadora de cuero, algo que le encantó. Unos instantes después de pedir se mezcló de nuevo entre gente, hasta perderse de vista. Maldijo para sus adentros mientras apretaba la copa con fuerza, por cosas como aquella no le gustaba beber.

Intentó sin éxito volver a encontrarlo, cuando estaba a punto de rendirse y volver a casa apareció. Se acercaba peligrosamente hacia él, permaneció inmovil hasta que se colocó a su derecha, apoyado en la pared, junto a él. Procuró no mirarlo mientras hacía que bebía algo más, a la hora de la verdad no solía acobardarse, pero llevaba esperando mucho tiempo a que apareciera alguien que realmente le gustara, con lo que los nervios afloraron. No hicieron falta palabras, pues su presa se acercó a su oído para que le pudiera escuchar:

- ¿Hay algo interesante hoy? - le preguntó levantando algo la voz.
- No - dijo dubitativo - Lo de siempre, supongo.
- ¿Entonces que estás buscando en la pista? - le preguntó, interesado.
- Tres metros hacia delante hay una pareja metiendose mano, llevan así más de una hora - dijo apuntando discretamente con el dedo - Dos metros hacia la derecha hay otra pareja besándose, el chico a un metro de ellos lleva mirándolos toda la noche con odio, supongo que está celoso - dijo girando el dedo - En la pared de enfrente los dos chicos que antes estaban dándose el lote se han escabullido hacia el váter, no te recomiendo cortarles el rollo. El chico en la barra se ha cansado de flirtear con el camarero y ha preferido encontrar a alguien más joven a quien cortejar... tal que ahí - dijo señalando su último objetivo.
- Interesante - dijo sorbiendo su copa - Muy observador.
- Una capacidad que he trabajado con el tiempo.
- Pues yo tengo otra - dijo dejando la copa a un lado, agarró su mano y tiró de ella amablemente - Deja que te enseñe.

Tras dejar la copa a un lado también bailaron juntos durante un rato, cazador y presa, aunque en aquél momento los papeles eran algo confusos. No era el mejor bailarín pero consiguió seguirle el ritmo, vio cómo el sudor le bajaba por el cuello de la camisa mientras bailaba. Estaba claro que había atracción entre los dos, pues ambos se tocaban sutilmente entre paso y paso, sin apartar la vista de los ojos del otro. En algún momento de aquél baile, cuando quedaron más cerca que nunca, notaron un roce en la entrepierna. Esta era su noche de suerte. Después de un buen rato de baile volvieron a la pared, esta vez él era presa de aquél desconocido, en cuanto lo rodeó con sus brazos y le dio un beso en la boca. Saboreo aquel beso esperado, por una vez había encontrado lo que quería.



A tres kilómetros de ahí las puertas del apartamento en el que vivía se abrieron y cerraron rápidamente, minutos después estaban disfrutando de aquella noche de caza en compañía, una de las mejores que habían tenido ambos hasta la fecha.


Con cariño a mis Dark Mariconas

domingo, 16 de febrero de 2014

Nuestra Participación en el Concurso KinkyAngels Story (Bel Ami)

Aupa!

Hace poco la compañía pornográfica Bel Ami convocó un concurso para hacer un guión para su próxima escena. Sin dudarlo por un momento los miembros del Hunklopedia Team nos pusimos a trabajar como putas locos para hacer algo creativo y optar al premio (4 DVDs y la realización de la escena). A mi la verdad que los DVDs me dan un poco igual pero que produjeran la escena ya sería una satisfacción personal de la hostia.

Aquí os lo dejo en castellano (versión hecha por mí) y la traducción (hecha por Thor, que lo ha puesto todo muy nice):

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Hi!

A few weeks ago Bel Ami presented in their tumblr account a storyline contest, searching for inspiration for their next scene. Without having any doubt the Hunklopedia Team members started working hard in the storyline. We don't care much about the 4 DVDs they are giving, the most important thing for us is that, if we win, they will film the scene we wrote, this would really be a very satisfying thing for us.

Here you have it in Spanish (written by me) and the English version (Translated by Thor, who has put it very nicely):


El sol se había ocultado tras los rascacielos de la ciudad mientras todavía seguía trabajando. Se aflojó de nuevo la corbata que le oprimía el cuello y aporreó el teclado más rápido para acabar cuanto antes las tareas pendientes. A sus 19 años Adam había conseguido entrar en una empresa bastante importante y, aunque sólo trabajara de oficinista, el suelo merecía la pena, con lo que soportaba toda la carga de trabajo que le imponían.

Tras unos minutos más de agonía acabó el trabajo de aquél día, cerró el ordenador y tras coger su americana salió hacia la calle, cruzando los pasillos desiertos del gran edificio. Las tripas le rugieron mientras bajaba sólo en el ascensor, no había comido nada desde que había entrado a trabajar, aunque no era la primera vez que aquello ocurría. Tras salir del edificio se dirigió a la parada del tren, todavía tenía un buen rato hasta que llegara, con lo que sacó un sándwich de una máquina expendedora y lo comió mientras esperaba sentado en uno de los bancos del andén.

Respiró hondo al acabarse aquella delicia precocinada, aquél era el único momento del día en el que podía relajarse, el ritmo frenético que llevaba no le permitía tener mucho tiempo para él. Incluso quedar con gente se había convertido en un sueño utópico después de entrar a trabajar en aquella empresa. Hacía meses que no disfrutaba de la compañía de otro hombre, lo que lo había sumido en un estado de excitación permanente que sólo acabaría cuando deslizara su miembro en el culo prieto de algún chico que le gustara. Tenía aquellos gustos claros, buscaba alguien parecido a él. Era delgado de por sí, pero aquél ritmo de trabajo había hecho que perdiera más peso todavía, con lo que notaba cómo sus abdominales comenzaban a asomar, la mata de pelo moreno que le cubría la cabeza ayudaba a disimular un poco la cara de niño que todavía tenía.

Miró hacia la pasarela que separaba las dos partes de la estación, nunca había nadie a aquellas horas de la noche. Aquella soledad lo incomodaba, nunca sabía quién podría aparecer de la nada y asaltarlo, pero aquello, en aquél momento concreto de su vida, le pareció una buena opción. Un buen asalto es lo que necesitaba. La simple idea hizo que empezara a notar agitación en su entrepierna; acarició su rabo con la mano a través del pantalón, consciente de que nadie lo vería y disfrutó de aquella sensación mientras la sangre comenzaba a acumularse.

Volvió a mirar hacia la pasarela mientras seguía tocándose, había alguien observándolo en la penumbra. Observo con cuidado, dejando de acariciarse el miembro por un momento. Pensó que sería un vigilante de la estación, pero tenía aspecto joven y no vestía uniforme, sino una fina camiseta de tirantes que dejaba ver sus brazos y parte de su pecho. Tenía los brazos apoyados sobre la barandilla, como si estuviera disfrutando de la escena. Adam, sin ningún pudor, continuó con lo suyo mientras lo miraba fijamente.
El haz de luz que dejó durante un instante un coche que pasó por detrás de su observador le permitió verlo. Era rubio y algo más bajo que él, tenía un tatuaje en el cuello. Pudo ver cómo se llevaba su mano a la entrepierna y pasaba la lengua por sus labios, estaba claro que estaba disfrutando de la escena. La situación no podía ser mejor, Adam le hizo un gesto con la mano para que bajara, no podía desaprovechar aquella oportunidad. Tras unos instantes estaban cara a cara, viendo cómo sus miembros oprimían su ropa. Adam se levantó del banco y, sin mediar palabra,  se dispuso a besarlo en los labios; cuando estuvieron a punto de hacerlo se escuchó el sonido del tren en la lejanía, ambos se separaron, sobresaltados, el tren ya estaba tras de sí.

-          Ven conmigo – le dijo Adam mientras le acariciaba el cuello.

Su observador asintió y juntos entraron al tren. Apenas había gente en el vagón, con lo que pudieron estar muy cerca el uno del otro mientras avanzaba hacia su destino. Recorrieron discretamente sus cuerpos con las manos y se besaron de vez en cuando hasta llegar a la parada indicada. Una vez ahí no faltó mucho hasta que llegaran a casa de Adam y cerraran la puerta tras de sí.

Se arrancaron la ropa de camino a la habitación, mientras se besaban con fuerza. Adam lo empujó sobre la cama, le quitó los pantalones y se lanzó sobre él, lo besó fuerte de nuevo mientras aquel desconocido le acariciaba todo el cuerpo. Se besaron largo rato hasta que Adam comenzó a bajar por su cuello, besando cada parte de su piel hasta llegar a la entrepierna. Retiró su ropa interior para contemplar su miembro, tras agarrarlo con la mano comenzó a lamerlo con fuerza, mientras su compañero gemía y se llevaba las manos a la cabeza.

Tras un rato Adam se quitó la ropa interior, dejando al descubierto su rabo, duro como una piedra. La mano del desconocido acarició su glande, mientras Adam todavía seguía a lo suyo e introducía sus dedos en el ano parcialmente dilatado del chico que le estaba alegrando la noche. Lo masajeó con cuidado hasta que posó sus labios sobre él y comenzó a lamerlo, no hizo falta mucho trabajo para abrirlo por completo, tras aquello cogió un condón y lubricante de su mesa de noche y se abrió paso a través de él, mientras ambos gemían de placer.

Follaron en todo tipo de posturas, pero como más disfrutaron ambos es cuando su acompañante se sentó sobre su rabo, cara a cara. Mientras se deslizaba arriba y abajo pudieron besarse y mirarse fijamente,  mirar cómo disfrutaba y cómo el estrés de tantos días se desvanecía en poco tiempo. Su acompañante ya no aguantó más y se corrió sobre el pecho de Adam mientras todavía seguía en su interior. Adam continuó empujando hasta que llegó el momento de descargar, en ese momento salió de su interior, se quitó el preservativo y se sentó a horcajadas sobre su cuello. Se masturbó con fuerza mientras lo agarraba del pelo, después soltó una generosa dosis de leche sobre la cara de su acompañante. Tras retirársela de los ojos lo besó en la boca.


Aquél fue el momento que había esperado durante tanto tiempo, y, si las cosas eran favorables, volvería a repetirlo muy pronto.

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The sun had already set behind the skyscrapers of the city when he was working. He loosened his tie a little and continued to type faster to finish the remaining tasks he had.By the time Adam was 19 he had already got a job in an important firm even if he just worked as an office clerk. His salary was way better than what he could have imagined so he put up with all the work he was given.

After a few minutes of hard work he finished and shut down the computer. He took his coat and went out through all the empty hallways of that big building. He realised he was hungry while in the lift; he didn’t have anything to eat since he started working. That was not the first time though. He headed towards the train station; he had to wait quite a while for the next train so he took a sandwich from a vending machine he found in the station. He ate it all while he was waiting on a bench of the platform.

Adam took a deep breath after eating what he felt it was the most delicious thing ever due to his hunger. After tossing the recipient of the sandwich he wore his headphones to listen to his favourite singer. Then, he realised that was the only moment of the entire day he could loosen up a bit and relax from the frenetic rhythm he had to follow daily. He didn’t have time for himself or other people, so it was really difficult for him to have a social life since he started that job. Months had gone by since the last time he didn’t feel the contact of a body next to him. He was all the time imagining the perfect hot guy ready for action. Just the thought of that wish made him be in an eternal excitement that only would be eased when he slipped his hard cock into the tight ass of a guy he fancied. He knew what type of guy he desired the most, somebody like him. He was thin, but his work had made him lose weight even more. His abs were more visible than ever so he was feeling really good about his body. His hair was dark and long which made him look a little older.

He had a glance at the walkway that separated both platforms of the station. It was always empty at that time of the night. That emptiness and loneliness used to make him uncomfortable, not knowing who could be there to assault him. In that moment the idea of a hot guy assaulting him didn’t feel that bad at all; it was actually what he needed. The simple thought of that made him feel something growing in his pants; he touched his dick on the jeans he was wearing, aware that nobody would see him. He was enjoying the moment while his dick was getting bigger and bigger.

He had a glance at the walkway again while he was touching himself. He could see someone staring at him in the dark. He tried to guess who that person was leaving his hand on the bench. He thought it was the security guard of the station, but he looked young and he wore no uniform, just a thin t-shirt that allowed his shoulders, arms and part of his chest to be seen. Adam, with no shyness, continued touching himself while staring at the guy in the dark.

For a moment, the light of a car made the stranger visible. He was blonde and a little shorter than Adam. He had a tattoo on his neck. Suddenly, Adam saw how the stranger’s hand got down into his trousers while licking his own lips as a sign of enjoyment. The situation was perfect, so Adam made a sign with the hand for him to approach him. That was an opportunity he could not waste.

A few seconds later the two guys were face to face, feeling how their pants were going to explode. Adam stood up from the bench and without saying a word he made the move and tried to kiss his soft lips. When Adam’s lips where about to touch the stranger’s they both startled with the sound of the train entering the station. They split immediately trying to pretend nothing happened as someone might have seen them.

- Come with me – Adam told the blonde stranger while caressing his neck.

The stranger nodded and both got into the train. The train was nearly empty so they could sit together, close from each other, almost feeling the heartbeat of one another. They looked over the other’s body and kissed from time to time. When they reached their destination, Adam took the blonde guy into his apartment closing the door behind them.

They took each other’s clothes off while getting to the bedroom and they kissed passionately. Adam pushed him to the bed, took his trousers off and jumped on top of him. He kissed him even more passionately while touching all his body. He went downwards, first stopping at the neck and licking it; secondly at his nipples, sucking them and biting them softly; thirdly his firm belly and finally he arrived at the spot he most wanted to see. He took his underwear off and saw the stranger’s dick. He took it and started stroking and rubbing it against his bulge. A few minutes after, he took his dick into his mouth and started licking and sucking it softly. He noticed how the body of his partner started relaxing while he moaned more as he started sucking harder.

After a while, Adam took his own underwear off leaving his rock-hard cock for the blonde stranger to see. The hand of his partner caressed his glans while Adam touched the blonde’s ass and introduced softly a finger in the partially dilated anus. He massaged it with care until he got down and licked it. He felt his partner really turned on, so he took a condoms and lube from the bedside table. A few seconds later he was inside the stranger, both moaning and feeling each other’s body.

They fucked in different positions but the one that really turned them on so much was when Adam lied down in the bed and his partner got on top of him, moving upwards and downwards while looking at each other’s faces. They could kiss while in that position, looking at how the pleasure took over them and how the stress of those long hard-working days vanished. The blonde stranger couldn’t hold it longer and shot his load all over Adam while he was still inside him. Adam kept on pushing until his turn to cum came. He took his cock out, took the condom off and the blonde stranger got next to his hard dick. He jerked off fast as he was grabbing his blonde hair till he exploded and came on his face. They stood still for a few seconds enjoying the moment. After cleaning himself, the stranger approached Adam and kissed his lips.

That was the moment he had been waiting for a long time and was hoping to do it all over again very soon.



miércoles, 15 de enero de 2014

Tied Together (Part 2)

Un rayo de luz de amanecer en los ojos lo despertó, había olvidado cerrar las persianas tras aquella noche especialmente intensa. Se llevo las manos a la cara mientras soltaba un gran suspiro antes de echar hacia atrás las sábanas y descubrir lo contento que se había despertado. Sin darle mayor importancia cogió el móvil sobre la mesa de noche y miró si tenía algún mensaje mientras acariciaba su glande con los dedos con la otra mano, estos se impregnaron de aquél líquido translucido.

Sus amigos le habían enviado las fotos de la noche anterior, pudo ver de nuevo cómo suspendía a su joven alumno, también el beso del final. Dejó el móvil al lado y se sentó sobre la cama, vio a su lado el papel que le habían metido en el bolsillo del chaleco. Sin pensárselo mucho lo añadió a la agenda y mando un simple “hola” a su dueño. Mientras esperaba respuesta se vistió y desayunó. Cuando volvió al dormitorio todavía no obtuvo respuesta, con lo que decidió pasarse por el gimnasio.

Los sábados por la mañana eran los días más tranquilos para trabajar, apenas había gente y podía estar a su aire. Tras su rutina de siempre se dio una ducha en el vestuario y volvió a casa, aquella vez no tuvo la suerte de observar cómo alguien compartía aquella ducha a su lado. Cuando volvió a casa obtuvo la respuesta que quería, su admirador en cuestión parecía emocionado por que le hubiera contactado. No tenía foto de perfil, pero aún así estuvieron intercambiando mensajes un rato, no dieron nombres, ni ningún dato en particular, a fin de salvaguardar sus respectivas identidades. Lo que pudo ver de aquél admirador le gusto, era agradable y no parecía mala persona. Al final concretaron una cita a ciegas para el lunes. Fran no era asiduo a este tipo de citas, pero por alguna razón sintió que no tenía nada que perder, si algo no salía a su gusto no tenía más que levantarse e irse antes de estrecharle la mano.


El tiempo hasta el lunes por la mañana pasó rápido, tenía trabajos de clase que corregir. No pudo evitar ponerle especial atención al trabajo de Abel, aunque los números no dijeran gran cosa de una persona pudo observar su buena caligrafía.

Se levanto inquieto la mañana de aquel lunes, tanto por tener que ver a su alumno como por la cita. Echo un vistazo rápido a la clase cuando entró, ahí estaba, con los codos sobre la mesa y pensativo, jamás sospecharía que había sido él con quien se había divertido tanto aquella noche. Despejó su cabeza de los pensamientos que le invadieron en aquél momento y dio la clase como de costumbre, tratando no parecer nervioso. Abel pareció estar ausente todo el tiempo que duró la clase. Al acabar salió rápido del aula para prepararse, no quería llegar tarde a la cita.

Al llegar a casa confirmó su cita con el desconocido, se preparó y partió hacia donde habían quedado. Eligió un atuendo casual pero elegante a la vez, para dar buena imagen. Cuando llego a la cafetería donde había quedado se sentó en la única mesa libre que quedaba y pidió un café. Parecía que toda la ciudad hubiera elegido aquél lugar para quedar, temió no ver a la persona con la que había quedado. Mientras esperaba sacó un libro del bolsillo y comenzó a leer para hacer tiempo, estar sin hacer nada era una de las cosas que más odiaba.

El desconocido llegaba tarde, ojeo el móvil e intento contactar con él pero no le contestó. Estuvo a punto de levantarse e irse, cuando vio a Abel entrando por la puerta de la cafetería, iba sólo. Fran se preguntó qué haría ahí, continuo un rato sentado, el tiempo justo para darse cuenta de que estaba acercándose a saludarlo. Dejó el libro en la mesa para atenderlo.


Se saludaron amistosamente, sorprendidos ambos de encontrarse en aquel lugar. Fran lo invitó a sentarse con él ya que no había ningún otro sitio donde hacerlo, pidió algo en la barra y se sentó frente a él. Ninguno de los dos se esperaba encontrar a ningún conocido ahí, pues ambos estaban esperando a personas diferentes. Hablaron amistosamente sobre lo que hacían normalmente, cosas sin importancia, nada íntimo, hasta que la conversación se fue desviando hacia lo personal. Los dos admitieron haber quedado con alguien más, pero ninguno aparecía. Miraban el móvil constantemente, esperando la llamada, pero no había novedades en ellos.

Pasó una hora y todavía continuaban hablando, al final decidieron llamar a sus respectivas citas para posponerlo. Ambos se llevaron el teléfono al oído para llamar, esperaron, entonces los dos teléfonos empezaron a vibrar. Apartaron los teléfonos del oído y lo miraron. Se estaban llamando entre ellos, entonces comprendieron que, sin saberlo, habían quedado en aquél mismo lugar.

Se miraron, no se lo podían creer. Parece que Abel fue quien escurrió aquél papel en su chaleco mientras lo besaba, buenas manos, sin duda. Recordó de nuevo aquél beso prohibido. Al principio ambos se sintieron incómodos, Fran sabía quién era en el momento que lo subieron al escenario, pero no podía negarse a tomar un voluntario, por otro lado Abel estaba confuso: le gustó lo que ocurrió, pero para nada esperaba que su profesor fuera el que le hizo pasar tan buen rato. Los dos acordaron que aquello debía quedar estrictamente entre ellos para asegurar su seguridad, nadie debía enterarse o los dos se verían en problemas. A pesar de que reinaba una tensión incómoda en el ambiente se miraban constantemente a los ojos, ya no había una máscara entre ellos.

- ¿Y visitas mucho estos bares? – le preguntó Fran.

- Alguna que otra vez – dijo, todavía nervioso - aquella noche estábamos saliendo por el ambiente. Mis amigos saben que estas cosas me gustan y me acompañaron hasta el bar… y luego pasó lo que pasó.

- ¿Te arrepientes de haber subido al escenario? – preguntó Fran, directo como una bala.

Abel se lo pensó un momento mientras todavía lo miraba a los ojos. Fran lo vio nervioso, con dudas, en el fondo lo entendía, era una situación violenta, pero él sabía muy bien lo que había visto aquella noche, un chico que disfrutó como nunca, con el rabo bien duro mientras colgaba del techo, sometido por él.

- No – contestó, decidido – no me arrepiento.

- Bien – dijo Fran mientras agarraba su mano.

Salieron juntos de la cafetería, caminaron durante un rato por la calle ya oscura, las farolas se habían encendido hace poco y desprendían su luz sobre el suelo húmedo de la ciudad. Abel caminaba junto a él en silencio, había captado perfectamente lo que ambos querían hacer. La cafetería quedaba cerca de casa de Fran, con lo que no tardaron mucho en llegar, una vez en el portal los dos se detuvieron delante de la puerta. Fran la abrió y lo invitó a pasar. Él atravesó el umbral con paso firme; se montaron en el ascensor.

Abel rodeó su cintura con sus brazos y lo abrazó nada más se cerró la puerta, él le devolvió el abrazo, le puso una mano en la cara para que lo mirara y le besó con fuerza en los labios. El ascensor seguía la marcha mientras Abel nadaba en su boca, comenzó a notar su miembro endurecerse bajo los pantalones, rozando contra su pierna, pues Fran era más alto que él. Agarró sus nalgas con fuerza, palpando el culo que debió ser suyo aquella noche. Se separaron cuando el ascensor abrió sus puertas, Fran metió la mano entre las piernas de Abel e hizo fuerza hacia arriba para cargarlo sobre su hombro, luego lo llevó hasta la puerta de su piso, entre risas. Era ligero, más de lo que pensaba. Tras abrir la puerta de casa y cerrarla una vez dentro, lo cargó hasta su dormitorio, donde lo dejo caer sobre la cama.


Fran se hecho sobre él. Continuaron besándose mientras se quitaban la ropa, cuando fue a echar mano de su entrepierna Abel lo detuvo, separándose un instante de su boca:

- Átame, quiero que me poseas, quiero ser tuyo, sólo para ti – dijo mientras lo abrazaba – quiero tenerte dentro sin que pueda hacer nada.

Fran se separó de él y volvió a agarrarle la mejilla para mirarle a los ojos, después lo besó de nuevo y se levantó de la cama para dejar al descubierto su pequeña mazmorra. Abel se quitó la poca ropa que le quedaba y entró dentro, después cerraron la estantería tras de sí y, tras recoger las cuerdas se pusieron manos a la obra.

Primero le ato las manos a la espalda y desde ahí fue haciendo los respectivos arneses mientras besaba con su boca cada parte del cuerpo por la que pasaba. Una vez tenía todas las piezas bien atadas pasó las cuerdas sobre un anillo en el techo y lo suspendió de forma que parecía que estuviera sentado en una silla. En esta postura fue cuando se quitó los pantalones, agarró con su mano su miembro erecto y húmedo, se arrodilló y comenzó a lamer el ano de Abel. Este se estremecía de placer, incapaz de moverse. Entre gemidos le pidió que se pusiera la máscara para follarle, a lo que Fran no se negó.

Una vez acabado de lamer aquél culo de ensueño Fran se puso la máscara y un preservativo, agarró las piernas de su joven alumno y comenzó a follárselo. Su rabo se deslizó por su culo prieto y una sensación placentera lo invadió, una de sus mayores fantasías se había hecho realidad. Se folló a su alumno rápido y lento a la vez, mientras su rabo duro como una piedra estaba totalmente húmedo. En uno de los últimos empujones consiguió que alcanzara el orgasmo, no hicieron falta manos para dejar su pecho cubierto de leche.



Cuando no pudo aguantar más soltó una de las cuerdas para que Abel echara la cabeza hacia atrás, entonces salió de su interior, se arrancó el condón del rabo y después de masturbarse con fuerza y agarrar su corta melena rubia con la mano sudada le llenó la cara de su dulce esperma. Tras soltar un sonoro gemido de placer puso una rodilla en el suelo y lo besó en la boca.

Dejó a Abel colgado un rato más mientras se relajaba, mientras tanto palpó de nuevo su cuerpo surcado por cuerdas con la mano desnuda y le retiró algo de lefa a punto de metérsele en el ojo. Tras esto lo liberó y lo llevó en brazos hasta la ducha, donde continuaron besándose bajo el agua. Una vez limpios se tumbaron en la cama. Abel se durmió rápidamente, rodeando la espalda de Fran con un brazo y apoyando el otro sobre su abdomen. Su rostro reposaba sobre su pecho, respirando suavemente. Fran acarició su mejilla antes de dormirse también, no sería fácil olvidar aquella noche.

A la mañana siguiente se despertaron abrazados. Abel se llevó los dedos a los ojos para aclarar algo la vista y luego le dio los buenos días sentándose a horcajadas sobre su ingle y dándole un beso en la boca. Fran pudo palpar de nuevo sus glúteos mientras sus lenguas se entrelazaban. El calor del momento hizo que el deseo se prendiera de nuevo, Fran mojó los dedos en la boca de Abel, disfrutando de su lengua, y los llevó al ano de su joven alumno. Continuaron besándose mientras lo abría poco a poco, mientras aquél profesor con una doble vida le masajeaba la próstata. Lo poseyó de nuevo tumbado en la cama, estando Abel sobre él, le dejó seguir el ritmo que él quisiera, mientras Fran pasaba su mano por el pecho y pellizcaba los pezones de su nuevo amante. Tras estar así largo rato Fran lo empujó hacia atrás y le abrió las piernas en uve, se la metió hasta el fondo, haciendo que gimiera con fuerza. Cuando llegó el momento de descargar ambos se corrieron a la vez, sobre el cuerpo delgado de Abel.

Tras limpiarse hablaron durante un rato más. Había voluntad de seguir quedando, no podrían verse muy a menudo para levantar sospechas y deberían de cuidar su comportamiento a partir de entonces. Decidieron no volver a quedar hasta acabar el curso y, por lo tanto, quedar los dos libres de responsabilidad profesor-alumno, sin embargo seguirían hablando aunque no hubiera nada serio entre ellos.

Fran lo despidió en el umbral de la puerta de su casa, con un beso profundo en la boca.

Los 4 meses restantes de curso pasaron rápido, ambos mantuvieron celosamente su secreto durante todo aquél tiempo. Ambos continuaron con su vida normal a pesar de sentir una gran atracción física el uno por el otro. Cuando llegó Junio la espera acabó. Liberados de toda responsabilidad volvieron a encontrarse en casa de Fran, sus labios volvieron a juntarse tras su puerta cerrada, a salvo, atados por un nuevo vínculo que ninguno de los dos había sentido nunca.


jueves, 2 de enero de 2014

Tied Together (Part 1)

El timbre que daba inicio a las clases volvió a sonar como cada mañana. Los chavales a los que enseñaba estadística entraban en clase montando un gran alboroto, correteando y gritando antes de que la clase diera comienzo. Aquél año había tenido bastante suerte, su grupo era de los más tranquilos de aquél instituto de las afueras de la ciudad y no le causaban demasiados problemas. Llevaba bastantes años enseñando a las nuevas generaciones la importancia de los números, aunque a ellos no les interesaba demasiado.

Fue uno de los pocos que terminó la carrera de matemáticas en su promoción. Fueron menos aún los que acabaron con un expediente como el suyo, que le abría las puertas a cualquier lugar que deseara. A pesar de que las universidades y los centros de investigación se lo rifaban, prefirió a los jóvenes. No le costó mucho trabajo encontrar un lugar cercano a su casa en el que le dieran trabajo. Su instituto buscaba a alguien como él: joven, trabajador y con mano dura para enseñar la asignatura. Y así era él.

A sus 30 y bastantes años Fran era un hombre de altura media y ancho de hombros. Una fina barba muy bien recortada acompañaba al pelo gris de su cabeza. Los demás profesores tomaban a los matemáticos como unos “frikis” chiflados que se pasaban las horas delante de pizarras llenas de ecuaciones, pero él parecía ser la excepción a la regla, porque tenía el cuerpo trabajado en el gimnasio, una de sus pocas aficiones conocidas por todos, y disfrutaba saliendo a tomar algo como el que más. Desde que entró a trabajar en aquél instituto las compañeras de trabajo no perdían detalle de él y, aunque alguna intentó echarle el lazo, no mostraba interés en el tema.



Continuó dando la lección mientras sus alumnos escuchaban atentamente. Rondaban la veintena la mayoría, no pudo evitar fijarse en lo “potente” que venía la juventud: a todos los chicos, o la gran mayoría, se les notaba que iban al gimnasio mientras que las chicas iban cada vez con ropa más ajustada. Entre aquél grupo había todo tipo de personas: los típicos chulos de barrio, algunos más tímidos, los estudiosos… pero en general se llevaba bien con todos. Tras un rato más el timbre que marcaba el fin de las clases sonó, acabando con su jornada por aquél día.

Se despidió de sus alumnos y compañeros de trabajo y cogió el metro de vuelta a casa. Estaba lleno, como de costumbre, se agarró a una de las anillas que colgaban del techo antes de que el tren arrancara. Cuando comenzó a moverse un chico joven chocó contra él de espaldas, quedando muy cerca el uno del otro. Agarró la cintura del joven con la mano que tenía libre antes de que ambos cayeran al suelo y las dejó ahí por un breve instante. Tenía la ingle muy cerca de su trasero y su cabeza, cubierta de una corta melena rubia, sobre su pecho; imaginó que metía la mano por su pantalón mientras le mordía el cuello, haciendo que se retorciera de placer. La magia acabó cuando el joven se giró para agradecerle el haberle sujetado y pudo ver su cara, era uno de sus alumnos.

Ambos se saludaron, sorprendidos al principio, ninguno de los dos sabía que cogían el mismo tren. Tras acabar de golpe con el calentón hablaron tranquilamente mientras llegaban a su destino. Recordó rápidamente quién era aquel chico, se llamaba Abel, era un chico algo más bajo que él, pelo corto, rubio, delgado… una persona sencilla y de ojos soñadores que no llamaba demasiado la atención en clase. La conversación no se alargó demasiado, pues a los pocos minutos de comenzar el tren llegó a su destino. Ambos se despidieron hasta el día siguiente en el andén y Fran continuó con su camino.


Llegó a casa poco después. Era un gran edificio acristalado, de amplias ventanas, situado no muy lejos del centro de la ciudad. Albergaba más oficinas que casas, así que la gente se sorprendía cuando decía que vivía ahí. Abrió la gran puerta de cristal del portal y tomó el ascensor hasta el último piso. Tras abrir la puerta de casa entró en su ático. Era espacioso y bien iluminado, los diferentes muebles, colocados con muy buen gusto, separaban las diferentes estancias, entre las cuales no había apenas tabiques, salvo para el cuarto de baño y las habitaciones. Las grandes ventanas le daban unas vistas privilegiadas de toda la ciudad.

Dejó sus cosas sobre la cama en el dormitorio y comenzó a prepararse para la noche. Se dirigió a la otra habitación y, tras cerrar la puerta tras de sí, alcanzó con la mano uno de los libros de la estantería. Tras tirar de él la estantería se hizo a un lado, dejando al descubierto su pequeña zona de recreo. Ahí estaba todo tal y como lo dejó: Su estante repleto de juguetes, con cuerdas colgando de los colgadores, su aspa acolchada, sillones varios… una pequeña mazmorra muy bien disimulada. Se sentó y comenzó a preparar las cuerdas para la noche: varios colores, varias longitudes y grosores… la rutina previa a un espectáculo.

Recordó como instaló todo aquello: con la mayor discreción posible él y algunos amigos visitaron el almacén por la noche, tras comprarlo todo y sin que nadie los viera, sobre las 4 de la madrugada llevaron todo a casa. Incluso las grandes mentes tenían sus secretos. El esfuerzo sin duda había merecido la pena, pues aquella habitación le había otorgado grandes momentos tanto a él como a la gente que la visitaba.

Tras trenzar toda la cuerda y guardarla en su bolsa de deporte, procedió a vestirse. Para aquella noche eligió unos pantalones de cuero negro, muy ceñidos y una camisa blanca, sobre la cual se puso un chaleco, también de cuero negro. Añadió también la máscara que vestía en todos los espectáculos, le cubría la mitad de la cara, dejando al descubierto la boca. Cuando acabó el sol se ocultaba para dar paso a la noche, ya era casi la hora de salir. Preparó los últimos detalles y tras ponerse el abrigo se puso en marcha.

Había empezado a practicar bondage hace mucho tiempo, cuando tenía 24 años. Tras sus primeros pasos “de bondage de andar por casa” algunos amigos le animaron a presentarse a un peculiar concurso de talentos que organizaba uno de los bares de ambiente que frecuentaban. Tras su número, en el que realizó una suspensión espectacular, dio el salto a la fama en el mundillo y los bares se peleaban por verlo en acción. Su trabajo era puro erotismo, sensual, diferente… y mucha gente lo valoraba. Una vez al mes visitaba alguno de estos locales para hacer una exhibición, cosa que mucha gente agradecía, con mucho cuidado de mantener su identidad en secreto, nadie debía saber lo que hacía.

Tras llegar al local donde actuaba preparó el escenario, los organizadores habían retirado la barra donde solían bailar sus gogos ligeritos de ropa. Se aseguró de que el mosquetón sujeto al techo estaba bien asegurado para aguantar el peso de una persona, no quería disgustos. Cuando todo estuvo preparado los encargados del local lo invitaron a copas. Antes de comenzar el espectáculo lo preparó todo minuciosamente y, finalmente, se puso la máscara, poco después la gente comenzó a entrar en el local. Había muy buen ambiente, la gente hablaba, bebía y bailaba un poco, algunos ya habían conseguido echar el guante a su ligue de la noche y disfrutaban de la presa apiñados en las paredes. Aquella noche incluso había gente más joven de lo habitual.

Cuando llegó la hora el encargado lo presentó y se subió al escenario, a su lado estaba otro de los encargados, que le sujetaba el micrófono. Los focos los iluminaron, tras los aplausos llamó al escenario a la persona que había preparado el local para realizar el espectáculo, un modelo despampanante de pectorales generosos y un abdomen de infarto que haría que a todos se les cayera la baba. Se hizo el silencio en el local, nadie respondía a su llamada. Todos se miraron los unos a los otros, aquello no solía ocurrir. El encargado, nervioso, cogió el teléfono y comenzó a llamar al modelo, pero nadie contestaba a sus llamadas. Viendo que la gente comenzaba a mosquearse, pidió disculpas e hizo algo fuera de lo habitual. Cogió el micrófono y pidió un voluntario entre el público. “Alguien de mi estatura, 73 kilos, que no tenga miedo a quitarse un poco de ropa…”.



La gente comenzó a murmurar y entre la multitud se escuchaba el “anímate, venga”. Tras animar un poco más la situación un grupo de chicos llevó en brazos a un compañero hasta el pie escenario, entre risas. Delgado, pelo rubio y corto, joven y sospechosamente familiar. Cuando le tendió la mano para ayudarlo a subir al escenario se percató de quién se trataba. Lo había tenido muy cerca aquél mismo día, pero jamás se imaginó encontrarse a Abel en aquél lugar. Haciendo gala de su habilidad para ocultar la sorpresa lo ayudó a subir y pidió un aplauso para él. La enorme ovación que recibió su joven alumno fue tal que hizo que se sonrojara, tras acabar le pidió que se quitara la camiseta, el obedeció. Tenía un cuerpo muy bonito, con algo de pelo rubio por el pecho. Le cogió de la mano e hizo que girara sobre sí mismo para que todos lo vieran, de nuevo el público se mostró satisfecho con el voluntario. Tras la ovación comenzó con su trabajo.

Le colocó las manos sobre la nuca y preparó el arnés de pecho, con sus manos rozó cada centímetro de su piel mientras lo cruzaba una y otra vez con las cuerdas, explicando paso a paso lo que estaba haciendo. Después preparó el arnés de las piernas, estar tan cerca de sus nalgas lo excitó. Tras pedirle permiso para quitarle los pantalones Abel accedió, se deshizo de aquella prenda, dejando a la vista el jockstrap que lucía. “Me va a dar algo” pensó Fran:

- Cuidado con este chico una vez que termine el show – dijo Fran al micrófono – viene a por todas.

La gente rió con el comentario, acto seguido y manteniendo la calma, siguió haciendo el arnés de piernas. Una vez acabado pasó las cuerdas por el anillo que colgaba del techo y, tras asegurar todas las cuerdas, lo suspendió. El público enloqueció. A la luz del foco pudo observar como Abel sudaba, también pudo ver como el rabo le oprimía la ropa interior, muy mojada por el subidón. Tras darle un par de vueltas en aquel anillo lo dejó mirando hacia sí:

- Dios que pasada – dijo Abel, colgando todavía del techo.

Fran le acarició la pierna como signo de aprobación antes de liberarlo. Una vez estuvo libre de sus ataduras volvió a cogerle de la mano y a girarlo sobre sí, de nuevo el público enloqueció. En aquel momento, cuando le devolvieron la ropa, le estrechó la mano y, antes de bajar del escenario, se le acercó mucho, Abel lo agarró del chaleco y le dio un beso en la boca. Dejándose llevar le devolvió el beso, a la vez que acariciaba sus nalgas. Se sintió muy afortunado de llevar la máscara en aquel momento. Cuando acabaron bajo del escenario, pidiendo un aplauso muy fuerte para el voluntario. Sus amigos lo vitorearon a más no poder.

Fran se despidió de su público y bajo del escenario para reunirse con sus amigos, no sin antes tener una charla con los organizadores. Sus amigos estuvieron encantados con lo que hizo, un trabajo brillante. Tomaron algunas copas antes de volver a casa. En cuanto se desnudó para darse una ducha fría pudo ver como un papel caía de su chaleco, en él había un número de teléfono. Parecía que aquella noche se había ganado un admirador más, aunque no recordaba quién había podido meterle aquél papel en el bolsillo.

Se tumbó desnudo en la cama y hundió la cabeza en la almohada. Con el rabo todavía duro a pesar de la ducha fría, comenzó a frotarse contra el colchón, pensando en lo que había ocurrido aquella noche. Terminó masturbándose con la mano, llenándose todo el pecho de leche, pensando cómo se hubiera follado a su joven alumno mientras estaba suspendido en el techo de aquél local.

lunes, 14 de octubre de 2013

A los 17 - Mi participación al Certamen de Relatos Cortos LGTB de web Kedacon

Noviembre había entrado con fuerza en la ciudad. Una fría brisa invernal atravesaba las calles abarrotadas de gente a primera hora de la mañana. La situación en el metro no era muy diferente, cientos de personas se dirigían a sus lugares de trabajo, como cada mañana. Entre el gentío Alex aprovechaba una de las pocas oportunidades que tenía para leer uno de sus libros favoritos antes de entrar a clase.

Hacía tiempo que había empezado el bachillerato y, por sus notas, no tendría problemas para entrar en una buena universidad. Era de complexión delgada, alto y moreno, sus ojos azules y media melena hicieron que fuera el centro de atención entre las chicas de su clase, la barba de tres días que llevaba le daba un toque masculino y varonil, haciendo que aparentaba algunos años más de los que realmente tenía. El fútbol era su mayor hobby, jugaba en un equipo de los primeros puestos de la clasificación regional, con lo que los entrenamientos duros eran habituales.


El metro seguía avanzando por los oscuros túneles. Alex echó la última ojeada al libro que tenía entre las manos, sabiendo que pronto se detendría. En cuanto el metro se detuvo cerró el libro y se abrió paso hasta la puerta. Antes de que se abriera ya podía ver que su compañero de clase y equipo estaba despatarrado en los bancos de la parada. Era Dani, un gran amigo. Entraron juntos en el mismo equipo, después de conocerse la amistad no tardó mucho en surgir, el fútbol no era lo único que tenían en común. Ambos disfrutaban de las tardes en la playa y la buena música, aficiones que solían compartir a menudo. A pesar de pasar mucho tiempo juntos Dani no había aprendido mucho de Alex, era todo lo contrario a él en los estudios: siempre llegaba tarde a clase, suspendía muchos exámenes y no parecía tener intención de cambiar. Lo único que consiguió Alex fue hacer que llegara a tiempo a clase.

En cuanto se abrieron las puertas del metro Alex se acercó a Dani, éste se levantó del banco y lo recibió chocándole las cinco. Tras la típica charla de todas las mañanas cuyo tema central era “No sé cómo me convenciste para venir tan pronto” se dirigieron juntos a clase. Dani era algo más alto que Alex, de espalda ancha y pelo corto, tenía la costumbre de ir con la camisa entreabierta y con las solapas hacia arriba, dejando a la vista el vello de su pecho. A pesar de su aspecto de macarra de barrio era buena persona y no dudaba en ayudar a la gente cuando lo necesitaba.


Alex siempre sintió cierta curiosidad por Dani, por su persona, por lo que se le pasaba por la cabeza, pero rara vez hablaba de sí mismo. Le importaba mucho como amigo, y sabía que él pensaba igual, de lo contrario no hubieran sido amigos durante tanto tiempo. Tras un rato andando llegaron al instituto, tras saludar a sus compañeros entraron en clase juntos.

Las horas se hacían eternas entre aquellas cuatro paredes. Los compañeros de clase hablaban entre ellos sin cesar mientras hacían ejercicios y problemas, pero a Dani no le importaban demasiado los resultados. Ojeaba el móvil como de costumbre, intentando enterarse de cuándo tenían entrenamiento de fútbol. Alex le susurró la hora al oído como siempre para que no tuviera problemas con los profesores, otra vez. Cuando sonó el timbre que indicaba la salida de clase los dos se apresuraron a ir a la misma parada de metro, como cada día. En unas pocas horas tenían que ir a entrenar y no podían perder el tiempo.

Se despidieron en el andén y volvieron a casa. Horas después volvieron a encontrarse en el campo de fútbol donde entrenaban, no muy lejos del centro de la ciudad. Estaban preparando una serie de partidos importantes con lo que el entrenamiento fue duro, pasaron horas corriendo y entrenando las jugadas. Un pitido de silbato indicó el final de la jornada. Fueron a los vestuarios, agotados, a ducharse y a descansar. El ambiente en el vestuario era bueno, todos los compañeros de equipo se llevaban bien entre ellos, no había mayores problemas. Se dedicaban a andar desnudos por la estancia, azotándose con las toallas mojadas. Los que estaban en las duchas miraban con disimulo, unos, y otros sin ningún pudor, los miembros de sus compañeros, compitiendo por ver quién la tenía más grande.

Alex y Dani siempre eran los últimos en prepararse, siempre encontraban alguna distracción para acabar los últimos. Los últimos compañeros salieron ya vestidos con sus bolsas de deporte al hombro de la estancia mientras ellos estaban mirando a la pared terminando de secarse con la toalla después de ducharse. Siempre aprovechaban aquél momento para hablar entre ellos, era el único instante en el que conectaban de alguna manera. Alex miró de nuevo el pecho cubierto de vello de Dani sin que él se diera cuenta, le resultaba curioso que siendo tan joven pudiera tener tanto pelo:
  • ¿Has terminado los trabajos de clase? – preguntó Alex mientras se ponía la ropa interior.
  • Creo que ya sabes la respuesta a esa pregunta – dijo Dani mientras echaba la toalla al suelo.
  • Como de costumbre, ¿quieres que te los pase? – dijo mientras buscaba los calcetines en la bolsa de deportes.
  • No hace falta, sabes que paso.
Alex suspiró, no se sorprendió de su respuesta. Cuando dio con los calcetines y fue a ponérselos pegó un resbalón en el suelo mojado, estuvo a punto de caer al suelo de no ser por Dani, que lo cogió por la cintura justo a tiempo y lo ayudó a levantarse. Los dos quedaron cara a cara mientras Dani todavía sujetaba su cintura. Cruzaron la mirada durante un fugaz instante:
  • Lo siento, soy un torpe – dijo Alex – gracias por cogerme.
  • No es  nada, este sitio se cae a pedazos, ¿estás bien?
Alex no dijo nada, se limitó a mirarlo de nuevo a los ojos, casi por instinto, su mirada lo atravesó como una navaja. Un ruido fuera del vestuario lo sacó de aquél pequeño trance, uno de sus compañeros de equipo entró en la sala. Alex llevó su mano al hombro de Dani y, sin que apenas tuviera tiempo para reaccionar, le arrancó uno de los pelos solitarios que ahí tenía. Dani soltó un quejido y se separó de él:
  • Mira, uno menos – dijo Alex echando el pelo al suelo, ante la mirada de su compañero de vestuario – venga vamos a acabar de vestirnos que si no no salimos.
Aquel rápido movimiento evitó que se difundiera algún rumor del que luego se arrepentirían. Terminaron de vestirle y después los dos compañeros y el que los había interrumpido salieron del vestuario. Alex y Dani volvieron a la parada de metro como de costumbre y se quedaron esperando en el banco, aquella vez no mediaron palabra, simplemente se dedicaron a mirar al suelo. Aquella noche Alex se preguntó qué significaba aquella mirada, estaba confuso, tal vez no fuera nada al fin y al cabo, pero no podía evitar pensar que si no los hubieran interrumpido hubiera pasado algo.

Ese mismo fin de semana jugaron el partido para el que se estaban preparando. Las gradas estaban abarrotadas y la expectación cubría el aire. Alex y Dani fueron los protagonistas de la jugada decisiva, marcando el gol que sentenció el partido en el último minuto. Sus compañeros los cogieron en volandas mientras festejaban el triunfo. Aquella noche todos salieron a celebrarlo, a pesar de que no solía beber Alex tomó algo con sus compañeros, todavía era consciente de todo lo que pasaba en el bar mientras que Dani ya estaba dando tumbos. Al final de la noche tuvo que llevarlo a casa, como alguna que otra vez antes.

No había nadie cuando llegaron a su casa. Alex lo llevó hasta su habitación, pesaba mucho y no parecía colaborar en moverse. Lo dejo caer en su cama entre risas, pero su peso lo arrastró con él hasta quedar tumbado sobre su pecho. Hubo otro cruce de miradas, éste no lo interrumpió nadie. Sus corazones latían con fuerza el uno junto al otro, en ese momento Dani le agarró la nuca y lo besó en la boca. Al principio tenía dudas, nunca se imaginó que algo así pasaría, sin embargo lo llevaba sospechando desde hacía mucho tiempo. Dejó de importarle cuando los dos colaboraron en quitarse la ropa y continuaron besándose en la boca, luego en el cuello, y luego en cada otro centímetro de sus cuerpos. Se amaron hasta quedarse sin fuerzas.


Los primeros rayos del sol los despertaron, por suerte los padres de Dani no aparecieron. Alex apoyó su cabeza sobre el pecho peludo de Dani y le preguntó que qué harían; él optó por guardarlo en secreto, aquello era algo que no debía saber nadie, pues les traería problemas. Se besaron en la boca, sin decir nada más, antes de despedirse. A partir de entonces se veían casi en secreto, siempre vigilando que alguien conocido pudiera verlos, compartiendo sus cuerpos en la oscuridad y aparentando normalidad frente a la gente.

Aquél secreto no duró mucho. Tuvieron un descuido fatal cuando se besaron en los vestuarios, pensando que nadie entraría de nuevo. Uno de sus compañeros de equipo y de clase los vio a escondidas y la verdad se propagó como un reguero de pólvora. Desde entonces se enfrentaron a diario a las miradas de sus compañeros y a los comentarios. Alguna vez incluso trataron de pegarles, pero tenían suficiente fuerza como para defenderse. En el equipo tampoco les daban cuartel, todos los miraban mal y apenas colaboraban con ellos en los partidos. La situación llegó a tal punto que se plantearon contárselo a su familia para huir de aquella situación, pero el miedo se lo impidió, pues no sabían cómo reaccionarían al respecto.

El límite de aquella situación se alcanzó cuando estuvieron a punto de golpear a Alex con una silla en uno de los recreos en el colegio, al grito de “maricón”. Dani pudo pararla a tiempo, justo cuando uno de los profesores entraba en el aula. Los padres de ambos jóvenes se enteraron de todo cuando los profesores los reunieron para hablar del incidente. Temían que sus padres fueran a rechazarlos o incluso llevarlos a algún psicólogo por ser como eran, pero ninguno de aquellos miedos se materializó aquél día. Sus padres les mostraron su apoyo en la causa e incluso aportaron soluciones al problema, como cambiarlos de colegio, pero Dani se negó, tuvo una idea para acabar con todo el rechazo de una vez por todas.

El siguiente partido de fútbol de la temporada era decisivo para todos. Mientras lo estaban jugando sus compañeros de equipo apenas colaboraban con ellos; su derrota era inevitable, más aún con el marcador en empate. Entonces, en el momento en el que todo parecía perdido, Dani arrolló a su propio compañero de equipo, quitándole el balón, y avanzó junto con Alex a la portería. Tras el pase Álex chutó el balón, marcando el gol que les dio de nuevo la victoria. En ese momento Dani tomó a Alex entre sus brazos y lo besó con fuerza delante de toda la gente que había asistido al partido. Después de soltarlo gritó con todas sus fuerzas:
  • ¡El maricón tiene que pasar por encima de sus compañeros de equipo para ganar el partido! – dijo mientras agarraba la mano de Alex y la levantaba al aire - ¡Sigo siendo igual de bueno aunque me gusten los hombres, espero que lo podáis valorar para la próxima vez!
Ambos abandonaron juntos el campo, de la mano, y fueron al vestuario. La actitud de Dani sorprendió a Alex, no contó con aquella respuesta y temió lo que pudiera pasar. Ante su sorpresa, aquella muestra de valor surtió efecto, todos sus compañeros de equipo, totalmente avergonzados, se disculparon por su actitud y su falta de deportividad. Lo mismo ocurrió en clase los días posteriores al partido, los compañeros dejaron de acosarlos y, aunque algunos no hablaban con ellos, muchos se disculparon.


A partir de aquél momento dejaron atrás el miedo que tenían; iban tranquilamente de la mano por clase, sin armarios que los ocultaran de las miradas. Salían juntos siempre que podían y continuaban con su vida con normalidad, salvo que, cuando la puerta del metro se abría cada mañana y uno esperaba al otro, se recibían con un beso. Algo que, en el fondo de su alma, los dos siempre quisieron hacer.


sábado, 14 de septiembre de 2013

Una noche en la cárcel

La noche había caído hace tiempo en las afueras de la ciudad. Un grupo de amigos bebía tranquilamente en la calle, como cada sábado por la noche. Aquel lugar cercano al río era su punto de reunión habitual, perfecto para pasarlo bien sin molestar a nadie. Las risas y las nuevas historias que compartían entre ellos eran constantes, fruto, algunas de ellas, de la desinhibición provocada por la cerveza. Entre ellos se encontraba Jake, sentado, hablando tranquilamente, bebiendo, como siempre. Entre sorbo y sorbo relataba con todo lujo de detalles su último ligue. Había sido algo fugaz, como todos los que caían entre sus manos, no lo había vuelto a ver después de tirárselo.

Era un tío joven, de 28 años. Pelo corto con una pequeña cresta, algún que otro piercing en las orejas y ceja, alto y algo delgado. No tenía mayores preocupaciones en la vida que follar y beber de vez en cuando.
Tras un largo rato charlando Jake sintió la necesidad de evacuar toda la cerveza. Se excusó un momento y se alejó del grupo hacia uno de los callejones cercanos. Mientras entraba en aquél callejón observó el coche patrulla que llevaba aparcado ahí toda la tarde, no parecía haber nadie dentro, con lo que se adentró y se bajó los pantalones para mear.



Se agarró el rabo con la mano mientras un vigoroso chorro salía de él, suspiró y echó la cabeza hacia atrás mientras meaba, sin percatarse de la presencia de alguien que lo observaba desde hacía rato. De repente escuchó un ruido y se giró para ver que había ahí, mientras todavía seguía meando. Un policía apareció tras de él, iba vestido con el uniforme típico, la prieta camisa de aquél uniforme parecía apretarle bastante el pecho trabajado y los hombros anchos. Era más alto que él y llevaba barba de tres días, el vello abundante en los brazos le daba un aspecto temible y masculino, las botas largas y negras que llevaban culminaron con la obra maestra del morbo que era aquél agente de la ley.

El agente le dijo que estaba prohibido mear en la calle, Jake seguía a lo suyo, evadiendo las frases con su típico sarcasmo pasota y rebelde. Llegó un momento que amenazó con multarlo si no se iba de ahí, Jake pasó completamente de él. El agente agarró su hombro con la mano para pedirle que se subiera los pantalones y se largara, pero Jake no quería ceder y, tratando de zafarse se dio la vuelta y meo sobre las botas del agente, por accidente.

Tras soltar un largo suspiro aquél policía, dos cabezas más alto que él, lo empotró contra la pared y lo esposó, diciéndole que quedaba detenido. Después lo empujo para que andara hacia el coche patrulla, todavía con los pantalones bajados, en cuanto vio que Jake tropezó y cayo al suelo lo cogió y lo puso sobre su hombro. Aunque trató de zafarse de él otra vez fue inútil, aquél agente lo transportaba con una facilidad insultante. Lo metió en la parte atrás del coche patrulla y arrancó, camino a la comisaría.
A pesar de los gritos de Jake al son de "brutalidad policial" y "maldito madero" el agente no se inmutaba, siguió conduciendo en la oscuridad.



En cuanto llegaron a la comisaría el agente metió el coche en el garaje. Tras aparcar sacó a Jake del mismo y lo llevó a una especie de calabozo. Lo sentó en una silla en el centro de la sala frente a una mesa y lo esposó a esta. Acto seguido abandonó la estancia. Jake aprovechó para subirse los pantalones y observar aquella habitación: estaba cerrada por unos barrotes de hierro con una pequeña puerta en un lateral, una pequeña ventana detrás de él, también cerrada con barrotes daba al exterior. A través de la puerta por la que habían entrado ahí podía observar que no había nadie al otro lado, parecían estar solos ahí.

Tras un largo rato el agente apareció y se sentó a su lado, dejando sobre la mesa una carpeta con papeles. De su cintura colgaba algo que parecía una cuerda, pero no le prestó atención. Le dijo algo sobre que estaba acusado de desobediencia, pero Jake pasó de escucharlo. Cuando el aquél policía agarró la barbilla de Jake para que le prestara atención éste le escupió a la cara. El agente soltó otro suspiro mientras se quitaba la saliva de la cara.

- Es hora de que alguien te enseñe modales - dijo mientras se levantaba de la silla.

Entonces cogió a Jake de la cabeza y lo empotró sobre la mesa, le soltó las esposas y, mientras agarraba con una sola mano sus muñecas sacó una cuerda y le ató las manos a la espalda. Acto seguido se sacó una pelota de goma atada a una mordaza y se le puso en la boca para que se callara. Poco después, con otra cuerda, le ató las piernas a las patas de la mesa, dejándolo completamente inmóvil, tras empujarlo de nuevo contra la mesa cortó con una tijera sus pantalones vaqueros y su ropa interior, dejándolo con el culo al aire.



En ese momento comenzó a azotar sus nalgas con la mano, con fuerza, de vez en cuando lo agarraba del pelo y le gritaba al oído que era un cerdo y que necesitaba aprender por las malas. Por alguna razón Jake había dejado de sentir el dolor de los azotes después de un rato, en vez de quejarse comenzó a gemir cada vez que aquél policía lo azotaba, su rabo comenzó a crecer bajo la mesa. En cuanto se dio cuenta el agente lo levantó de la mesa y lo acercó hacia sí:

- ¿Te estas poniendo cachondo, eh? - dijo mientras agarraba su rabo - Eres un cerdo granuja, a ver si te gusta esto.

Comenzó a estrujar sus pequeños pezones y a morder su cuello. El rabo de Jake estaba cada vez más duro. Sus manos, atadas a su espalda estaban tan cerca de la entrepierna del agente que pudo comprobar que él también la tenía dura:

- ¿Quieres mi rabo? - le dijo al oido.

Jake asintió. Entonces el agente soltó sus pezones y lo volvió a empotrar contra la mesa. Se arrodilló y comenzó a lamer el ano de Jake con fuerza. Escupía de vez en cuando sobre su agujero y introducía su lengua en él, haciéndolo gemir de placer. Tras un rato se deshizo de su camisa, dejando a la vista un pecho cubierto de vello y cogió la porra de su cinturón. Tras untarla de saliva comenzó a pasarla por el ano dilatado de Jake hasta que finalmente lo penetró con ella.



Poco después la sacó de su culo y salió de la habitación, volvió al rato con preservativos y un bote de lubricante. Se abrió la bragueta del pantalón y se sacó el rabo, tras ponerse el condón y untarlo en lubricante comenzó a follarse a Jake. Primero despacio hasta que entró en él, después con fuerza, empujándola hasta el fondo. Ambos gemían de placer mientras lo hacían. Cuando llegó el momento de descargar el agente salió de su interior y después de quitarse el condón se corrió sobre su espalda, después masturbó a Jake hasta que hizo lo propio sobre la mesa del calabozo.

Ambos jadeaban después del esfuerzo. Con algo de esfuerzo el agente cortó las cuerdas que ataban sus piernas a las patas de la mesa y lo tumbó sobre el suelo, después se agarró el rabo y meó sobre Jake. Su orina cayó sobre su piel, impregnándolo por completo, un morbo que jamás había experimentado.

- Te perdono la multa - dijo el agente mientras escurría las últimas gotas - Espero que te lo pienses la próxima vez.

Jake asintió en el suelo. El agente le ayudó a levantarse y lo liberó de sus ataduras, le sacó la pelota de la boca y lo llevó hasta el vestuario de la comisaría. Ahí le dijo que se duchara. Cuando Jake salió de la ducha encontró ropa limpia para cambiarse sobre uno de los bancos, se vistió y abandonó aquella comisaría en la oscuridad. Todo un mundo nuevo se abrió ante él a partir de aquél momento.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Un Encuentro Inesperado

No había ninguna luz encendida en la calle bien pasada la medianoche. Las calles estaban vacías desde hacía tiempo y sólo una brisa helada ocupaba los caminos por los que, hacía sólo unas horas, habían pasado cientos de estudiantes dirigiéndose a una fiesta. Dos de ellos, pareja desde hacía tiempo, habían preferido aprovechar una de las pocas ocasiones que tenían su piso vacío en vez de unirse al gentío.

Aquel piso era un ir y venir continuo de gente, todos sus ocupantes estudiaban la misma carrera, con lo que se conocían bien y eran buenos amigos. Jake vivía ahí desde hacía 2 años, desde entonces no le había quitado el ojo de encima a uno de sus compañeros de piso, Mike, con el que compartía habitación. Pelo corto, algo bajito y rostro redondeado; a pesar de su estatura tenía un cuerpo de infarto, fruto de su afición (casi obsesiva) por el deporte.  A pesar de sentir un gran deseo por él, no parecía que sintiera la misma atracción, y si lo hacía, no lo demostraba.


Jake conoció a su pareja, Alan, hacía más de medio año. Fue un flechazo y no tardaron mucho en formalizar su situación, pues ambos estaban acostumbrados a conocer a mucha gente sólo por diversión. Las noches que pasaban juntos en aquél piso eran intensas, lo suficiente como para olvidarse de todo lo demás. Alan había conocido también a todos los compañeros de Jake, y Mike le resulto el más atractivo con diferencia. A veces bromeaba sobre el hecho de que un día podría convencerlo para que se acostara con los dos, de que se uniera a la fiesta. Todo quedó en una broma, hasta aquella noche.

Aquella noche iban a estar solos, como de costumbre. Habían estado follando desde después de la cena, Jake estaba tumbado sobre la cama mientras Alan estaba sobre su ingle con las rodillas apoyadas en el colchón. El rabo erecto de Jake se deslizaba por el ano dilatado de Alan a buen ritmo, haciendo que ambos disfrutaran al máximo el uno del otro. Poco después Jake empujó con su mano el pecho de Alan, para que cayera de espaldas sobre la cama, poco después Jake estaba de rodillas, follándolo con más fuerza mientras sostenía los pies de Alan con las manos.

De repente se escuchó un ruido en la calle, pero ninguno de los dos le dio importancia. Unos instantes después Mike abrió la puerta del dormitorio. Fue un instante de sorpresa para todos, ninguno se movió un centímetro de donde estaban por el susto. Mike desprendía un tremendo olor a alcohol, estaba sonrojado y costaba imaginar que todavía se mantuviese de pie. Alan, ante la incómoda situación que tenían delante, no pudo evitar decir lo que llevaba tanto tiempo queriendo decir: “Bueno, qué, ¿te unes a la fiesta?”.


Mike se quedó mirándolos a los dos, un pequeño bulto se hacía notar en su entrepierna, tal vez fuera efecto del alcohol, pero estaba cachondo, y la pareja se dejó llevar por el momento. Jake salió del interior de Alan, y le tendió la mano a Mike, éste la cogió y se dejó caer en la cama entre los dos. Ambos empezaron a desnudarlo poco a poco, primero le quitaron el pesado jersey que llevaba y finalmente la camiseta, tenía un cuerpo muy bonito. Los dos le besaron el cuello a la vez y acariciaron su pecho con las manos, después Alan lo besó en la boca en un beso que, aunque ambos trataran de negarlo, habían esperado mucho tiempo. Jake lo besó también en cuanto tuvo la ocasión, haciendo realidad su fantasía.


Mike parecía disfrutar del encuentro fortuito que habían tenido en su habitación. La tensión en sus pantalones aumentaba a medida que su compañero de habitación y su novio lo besaban y acariciaban. Se desprendió del resto de su ropa, quedando totalmente desnudo a merced de aquella pareja con la que nunca pensó que haría nada. No era muy consciente de lo que estaba pasando, pero se dejó llevar.

Alan comenzó a chupar el miembro de Mike mientras Jake se puso detrás de él, besando su cuello y acariciando su pecho con las dos manos, de vez en cuando pellizcaba sus pezones, los leves gemidos que soltaba parecían indicar que era algo que le gustaba de verdad. Mike estaba disfrutando como nunca imaginó que disfrutaría con dos hombres.

Poco después Jake empujó la cabeza de Mike hacia el rabo de Alan, dudó al principio, pero luego comenzó a lamerlo. Alan agarró su cabeza con las manos para guiarlo mientras Jake lamía el ano de Mike. Una vez que tuvo el culo preparado Jake se cambió de condón y comenzó a follarlo, muy despacio al principio, pues supuso que nunca lo había hecho.


Mike se quejaba al principio, pero después de acostumbrarse parecía disfrutar. Los tres estaban en éxtasis. Jake continuó empujando su rabo por el culo de Mike mientras Alan disfrutaba de su boca en su rabo. Tras un rato ninguno de los tres podía más, había llegado el momento de descargar. Alan se puso entre los dos para recibir la leche de ambos, segundos después tres generosos chorros de lefa cubrieron su cara y pecho.

Los tres soltaron un largo suspiro y se besaron de nuevo entre ellos, había sido toda una experiencia que esperaban repetir algún día.