Hunklopedia: Relatos Largos

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martes, 25 de agosto de 2015

Sumisión

El coche se detuvo ante la mansión de su amo y se fue en cuanto Evan abrió la puerta de la entrada al jardín. Pudo ver cómo la puerta principal estaba convenientemente abierta, esperando su visita, entró a la casa, cerró la puerta tras de sí.

Subió las escaleras acristaladas hacia el estudio, de nuevo no estaba ahí. Giró hacia su habitación, la puerta estaba abierta, pero tampoco estaba dentro. Entró en la habitación y se acercó a la cama de su amo, se quitó la camiseta y los pantalones, quedándose únicamente con la gorra, el jockstrap y las zapatillas puestas, después colocó las rodillas sobre la cama y apoyó el pecho sobre esta, ofreciéndose, tal y como había hecho tantas veces antes.



Escuchó unos pasos que se acercaban desde el cuarto de baño, no muy lejos de ahí, sintió cómo se acercaban más y más, hasta que lo sintió tras él. Lo próximo que escuchó fue su respiración, mientras azotaba sus nalgas antes de arrodillarse y comenzar a lamer su ano. Agarró sus nalgas con fuerza mientras hundía su rostro y su lengua, húmeda, lo recorría, cada bocado iba acompañado del roce de su barba, escupía de vez en cuando en su agujero, lo que ayudaba a que dilatara:

- ¿De quién es este culo? - le preguntó, antes de volver a escupir.
- Suyo, señor - contestó, jadeando.
- Levántate - dijo apartándose.
- Sí, señor.

Cuando dio por terminada su tarea volvió a azotarlo. Rápidamente se levantó de la cama y se arrodilló frente a su amo y dio la vuelta a la gorra. Volvió a lamer aquél miembro venoso con fuerza mientras lo observaba desde abajo; vio cómo se hinchaba su pecho, tensando todos los músculos cubiertos de sudor, se pellizcó los pezones con los dedos mientras él seguía con su trabajo, con las manos a la espalda, como a él le gustaba. Le agarró la cabeza con las manos y empujó su miembro con fuerza por su garganta, continuó con ése ritmo largo rato hasta que lo agarró del pelo para separarlo. Tras respirar volvió al ritmo inicial, bajo la atenta mirada de su amo, quien esgrimía una sonrisa cruel.

Al acabar lo tumbó en la cama en la posición inicial y se chupó los dedos, comenzó a meterlos el ano dilatado de Evan, primero uno, otro después. Notaba cómo se deslizaban por su interior, cómo rozaban su próstata y lo dilataban más. Notó la humedad en su ropa interior, poco después su miembro erecto salía del suspensorio. Continuó estimulándolo, mientras se retorcía de placer.

Sacó los dedos de su interior para recoger el lubricante y el preservativo de la mesa de noche. Lo abrió con la boca y se preparó para penetrarlo. Lo tomó en aquella misma postura, sujetó sus nalgas de nuevo para entrar en él. El dolor fue intenso la primera vez, pero estaba acostumbrado a él. Continuó introduciéndole cada centímetro de su miembro entre jadeos, abriéndose camino en su interior.

Tras un rato se tumbó en la cama, Evan se quitó la gorra y se incorporó para volver a complacerlo, antes de que se agachara le bajó el jockstrap con la mano y admiró su cuerpo y su pene, húmedo y erecto, antes de volver a tomarlo. En cuanto volvió a estar dentro de él agarró el miembro de Evan con la mano y comenzó a masturbarlo:

- ¿De quién es este rabo, chico? - le preguntó mientras empujaba.
- Suyo, señor - contestó.

Siguió empujando con fuerza, hasta el fondo, disfrutando de cada entrada y de cada salida, agarrando sus nalgas con fuerza mientras se abría paso a su interior. Recompensó su esfuerzo masturbándolo con su poderosa mano, notó que no le faltaba mucho para acabar:

- Me corro, señor - jadeo.
- Córrete para mí, chico - dijo mientras empujaba más fuerte.
- Sí, señor.

Evan dejó que lo masturbara, hasta que descargó sobre su pecho. Su amo recogió el semen con los dedos y se los ofreció, sin parar de empujar. Evan cerró los ojos y lamio la leche que le ofrecía, bajo su atenta mirada de satisfacción. Cuando limpió aquellos dedos él salió de su interior y lo tumbó boca abajo sobre la cama, se colocó encima y volvió a tomarlo largo rato. Aguantó el tipo como pudo, hasta que su amo gimió con fuerza. Salió de golpe de su interior, se quitó el condón y lo forzó a darse la vuelta, puso su cabeza entre sus rodillas y se masturbó con fuerza delante de su cara. Segundos después, oleada tras oleada, impregnó su cara de semen.

Tras respirar profundamente apoyó su rabo en los labios de Evan:

- Limpialo -ordenó.

Obedeció, lamiendo de nuevo aquél miembro húmedo y lleno de leche, ante su atenta mirada.

- ¿Qué debes decir ahora, chico? - le preguntó.
- Gracias, señor - contestó.

martes, 3 de febrero de 2015

En Dos Segundos

La última campanada sonó dando paso a un nuevo año tiempo antes de que se echara a la calle para celebrarlo. Una bruma fría recorría las calles, pero a nadie parecía importarle el frío en una noche tan señalada. Pasando el tiempo con gente que sólo veía aquella noche olvidó por unas horas sus problemas y preocupaciones, con sus nuevos propósitos en mente decidió darse una nueva oportunidad para pasárselo bien y disfrutar.

Las horas pasaban, copa tras copa, en buena compañía, compartiendo las experiencias del año que había pasado. Tras la despedida era hora de echarse a los bares, había más gente que visitar. Mientras hacía camino un pensamiento se abrió paso en su mente. Sabía que podría encontrárselo en cualquier momento, como muchas otras veces mientras recorría la calle siguiendo su rutina. Lo miraba a los ojos cuando se cruzaban, sin que él se diera cuenta, mientras miraba sin ver a alguien que no conocía.

La gente se agolpaba dentro del bar, vio a sus amigas en el fondo y se acercó a ellas para saludar. Eran muchos los meses que pasaba sin verlas, pero aquello no era problema para llevar una buena relación. Mientras charlaban por encima de la música que sonaba sin parar fue cuando hizo su aparición.

Vestido de gala con el traje negro y corbata, como jamás antes lo había visto, se abrió paso entre la multitud, buscando también a sus amigos, sin percatarse de que no le quitaba el ojo de encima. Avanzó con paso firme, esquivando a la gente, hasta que se detuvo, a su espalda, más cerca de lo que lo había tenido jamás. Entonces fue cuando sus espaldas se cruzaron, sólo duró dos segundos, pero fueron toda una eternidad de sentimientos para él. Lo deseaba, lo deseaba tanto que hasta le dolía, tan solo el roce de su cuerpo le recordaba todas las veces que había pensado en él, todas las veces que había deseado que lo abrazara, que lo besara, que le dijera que todo iba a salir bien. Aquella eternidad acabó cuando volvió a abrirse paso hacia la salida del bar, acompañado de la gente que había entrado a buscar.

El corazón se le encogió mientras lo veía marchar, mientras volvía a darse cuenta de que aquello jamás podría suceder. Se volvió a la conversación con su amiga, tratando de olvidarlo y centrándose de nuevo en la realidad, aunque en su cabeza sólo había hueco para él.

La noche acabó para él una hora después del encuentro, mientras se desnudaba en casa para acostarse. La última campanada había sonado hace muchas horas, dando paso al nuevo año, pero, otra vez más, no fue capaz de dejar atrás el demonio que lo atormentaba con su dulce tormento. Mientras miraba fijamente al techo, lo imaginó tumbado desnudo a su lado, con su mano sobre su pecho mientras recorría su cuello con los labios antes de caer dormido. Susurrándole al oído buenas noches y besándolo en la boca, compartiendo algo anhelado mucho tiempo atrás, pero que, al igual que todas las demás noches, se desvanecía con los primeros rayos de sol, devolviéndolo a la realidad en la que vivía, donde seguía soñando desesperadamente que algún día pudiera verlo a su lado.


domingo, 7 de diciembre de 2014

Aparecidos

Una luz tenue iluminaba la estancia improvisada en la que había acabado, apenas sabía lo que había ocurrido tras salir de aquél bar, pero decidió olvidar aquél detalle cuando se encontró sin pantalones contra aquél muro de hormigón. Había aparecido de repente, como por arte de magia, como traído por la noche.

Apoyadas sus manos contra el muro esperaba impaciente lo que podría ocurrir. El corazón le latía rápido y el sudor comenzaba a deslizarse por su espalda, una pequeña gota fría recorrió el espacio entre sus nalgas, provocándole un escalofrío. Su rabo rozaba el hormigón, húmedo desde hacía rato y tan duro que parecía dolerle. Respiraba nervioso mientras seguía esperando, apretaba y relajaba sus nalgas, esperando a que su amo de aquella noche aliviara sus penas.

Fue entonces cuando notó su presencia acercándose, ni siquiera apartó la vista de la pared, pues sabía que era él. Notó como sus manos acariciaban sus nalgas desnudas, y cómo instantes después exhalaba sobre su ano. Contuvo la respiración cuando notó la humedad de su lengua recorrer su agujero con fuerza, notó cómo separaba sus nalgas para disfrutarlo más. Buceaba en su culo mientras él disfrutaba de la experiencia, gemía para complacerlo mientras lo abría más y más. Aquella noche era suyo, para su disfrute, para su uso.

La humedad cesó con un azote en ambas nalgas, mientras sentía cómo se levantaba y surcaba su cuerpo con las manos. Empezó a jugar con su miembro, agarrándolo bajos sus piernas y estirándolo hacia atrás, se pegó todavía más al muro mientras él acariciaba su glande húmedo. Lubricó más mientras más lo tocaba, el sólo pensar lo que pasaría tras acabar su juego era lo que más lo excitaba y lo que más necesitaba.

Su amo acabó entonces de jugar, sintió cómo su miembro duro le golpeaba las nalgas, cómo recorría varias veces toda su extensión. Contuvo de nuevo la respiración cuando sus dedos húmedos comenzaron a meterse en él, gimió cuando se acercaron al punto exacto, aquél que su amo conocía tan bien. Uno tras otro fueron pasando, hasta que rogó que lo follase. Sin vacilar un instante, lo complació. Primero sintió la punta entrar, abriéndose paso. El dolor fue intenso al principio, pero supo mitigarlo a medida que lo penetraba, mientras que alcanzaba su límite.

Lento y rápido a la vez, sin compasión y entre gemidos, pegado a aquél muro, disfrutó de su momento. Notó cómo su rabo cada vez estaba más duro y húmedo, sus piernas se agarrotaban y una presión en la ingle le indicaba que el momento estaba cerca, pero no sería él quien acabara con aquél buen dolor. Su amo continuó penetrándolo con fuerza, empujón tras empujón, gemido tras gemido, hasta que aquella presión se desvaneció por sí sola, mientras sus manos todavía seguían contra aquella pared. El placer fue máximo cuando descargó, sintiendo todavía la llenazón en su interior, mientras lo empujaba sin cesar.

El calor en su ano era máximo cuando su amo estaba a punto culminar la faena, fue entonces cuando salió de él de golpe y le forzó a separarse del muro y a darse la vuelta. Vio perfectamente cómo masturbaba aquél rabo fuera de lo común delante de sus ojos, esperaba su premio con ansia, hasta que su amo agarró su cabeza y descargó sobre su cara. Las gotas calientes bajaban por sus mejillas mientras el amo gemía satisfecho.

Desapareció al igual que había aparecido, llevado por la noche. Se llevó las manos a la cara para limpiarse, o despertarse de aquél sueño, pero no despertó, su olor estaba ahí, había sido real, lo más real que había vivido nunca. Tambaleándose al principio y despacio después recogió la poca ropa que llevaba para volver a casa. Nunca volvió a verlo, pero el recuerdo de aquella noche todavía persiste en sus fantasías más oscuras.




miércoles, 17 de septiembre de 2014

La Guardia

La jornada transcurría sin problemas aquella calurosa tarde de verano. El jeep atravesaba las secas y polvorientas pistas forestales entre verdes pinos y robles dejando tras de sí una gran capa de polvo mientras la música sonaba a través de la radio. Su compañero cambió de marcha para subir por otra de las numerosas pendientes de la sierra, haciendo que el vehículo cabeceara y lo sacara de sus pensamientos, una sensación a la que, a pesar de llevar tanto tiempo trabajando como guarda forestal, todavía no se había acostumbrado.

Apoyó de nuevo el brazo sobre la ventanilla tras soltar un suspiro y trató descansar un poco, las patrullas eran agotadoras y llevaban mucho tiempo en aquel jeep. Observó a su compañero antes de cerrar los ojos, con una mano sobre el volante y la otra sobre la palanca de cambios conducía con destreza por aquella pista, mientras observaba el camino a través de las negras gafas de aviador que llevaba siempre. Llevaba desabrochados varios botones de la camisa verde del uniforme, lo que dejaba ver su pecho moreno con algo de vello. Javi era un veterano de la guardia forestal, a pesar de ello el trabajo lo mantenía joven y fuerte, el pelo corto peinado en una pequeña cresta y la barba hacían de él un hombre atractivo; el bronceado y el acento del sur no hacían más que aumentar la cantidad de chicas que tenía a su espalda. Sentía una especial admiración por su compañero desde que trabajaban juntos, era alguien interesante en más de un sentido. Apartó la vista en cuanto se giró para preguntarle algo que no llegó a escuchar.


Por su parte Carlos carecía de aquel encanto peculiar, estaba bastante delgado y pálido, rasgos que eran comunes ahí de donde venía. A pesar de que parecía alguien frágil a primera vista pasó sin problemas las pruebas físicas necesarias para el trabajo, ganándose un puesto fijo y bien pagado en algo que siempre le había apasionado. Continuó sumergido en sus pensamientos hasta que un pellizco de su compañero en el costado lo sacó de sus divagaciones:

- Tío Carlos - dijo con su acento del sur - hoy estás en la parra macho, estate atento no nos vaya a venir un corzo encima y vayamos pa'l barranco.

- Perdón - dijo mientras volvía a colocarse recto en el asiento.

Aquella zona era el hábitat de varias poblaciones de corzos, amén de otros animales salvajes más pequeños que eran raros de ver, muchos viajeros incautos habían topado con los más grandes y acabado perdiendo la vida después de un choque directo con éstos con el coche, ya que aparecían sin previo aviso en la mitad de las pistas. Parte de su trabajo consistía en evitar que los animales pasaran a las carreteras, sobre todo en las zonas valladas defectuosas por las que se colaban. Carlos sacó los prismáticos de la guantera y se puso a otear la lejanía mientras Javi volvía a cambiar de marcha y seguía la pista.

- Bien, a ver si acabamos ya - dijo dándole un par de palmadas en la pierna mientras seguía conduciendo.

Sintió el rubor en el cuerpo, como cada vez que lo tocaba, una sensación que descubrió poco después de empezar a trabajar con él, se sentía a gusto en su compañía, aunque no le daba mucha importancia, pues resultaba difícil creer que alguien como Javi, famoso en el cuerpo por ser el rey con las mujeres, pudiera sentir algo parecido por él.

Continuaron por aquella pista hasta que empezó a oscurecer, la jornada estaba a punto de acabar con lo que Javi se dispuso a dar la vuelta para volver al cuartel. En ese preciso momento, como salido de la nada, un corzo salió del bosque, cruzándose en su camino. Carlos lo avistó en el momento justo, dándole el tiempo necesario a Javi para dar un volantazo y evitar atropellarlo y provocar un accidente de condiciones fatales. Pararon en seco tras esquivar al animal, ambos suspiraron aliviados hasta que vieron humo negro saliendo del motor. Javi giró la llave y bajó corriendo del coche a comprobar la avería, entre maldiciones abrió el capó del vehículo para comprobar la avería. No parecía indicar nada bueno, pues cerró la tapa de golpe y pegó una patada al guardabarros:

- Coge la radio - dijo asomándose por la ventanilla - se ha averiado.

Carlos llamó a la central y explicó la situación, sus compañeros les avisaron de que mandarían un equipo a recogerlos, pero tardarían mucho en llegar. La charla se vio interrumpida cuando el motor comenzó a arder de repente. Ambos se sobresaltaron, Carlos salió corriendo del coche y se alejó mientras Javi cogía el extintor del maletero y apagaba las llamas. Cuando acabaron estaban en una completa oscuridad, escuchó el ruido del extintor cayendo al suelo desde donde estaba mientras Javi maldecía la situación. 

- ¿Estás bien? - preguntó Javi en la oscuridad - No contaba con que pasara esto.

- Si - contestó - Pero no puedo decir lo mismo del coche, hay que alejarse.

Se apañó para encontrarlo en la oscuridad y huir de la humareda que se había generado, ambos se sentaron en el margen de la pista, a pocos pasos del coche quemado. El humo acabó por despejarse dando paso a una noche estrellada:

- Míralo por el lado positivo - dijo Carlos tumbándose en la hierba - al menos no es invierno, esto nos pasa en diciembre y de aquí no salimos.

- Aún así no es el plan que tenía para la noche - dijo encendiendo una linterna que había rescatado del coche - Además ya te gustaría a ti que fuera invierno para tener que arrimarte a esto.

Carlos se rió, aunque no podía negar que no le importaría hacerlo. Javi también soltó una risotada, lo que pareció disipar el mal humor que tenía hacía unos momentos. El sólo hecho de imaginarse lo que le acababa de decir hacía que la sangre le bajara a la entrepierna a un ritmo frenético. Antes de que se pudiera dar cuenta la tenía dura como una piedra y tuvo que dar un giro brusco para que su compañero no lo notase, pero para su desgracia no perdió detalle del acontecimiento:

- ¿Seguro que no te has hecho daño al salir del coche Carlos? - dijo Javi incorporándose - Déjate a ver que mire..

- No, no, en serio, no es nada - dijo Carlos encogiendo las piernas.

- Anda ya, déjame ver - dijo alargando la mano y agarrándolo del brazo. Tiró de él con fuerza hasta que lo giró hacia sí y lo alumbró, pudo ver sin problemas la erección que se marcaba a través de los pantalones verdes del uniforme - Ozú miarma, esto es un claro caso de amorcillamiento - dijo entre risas - ¿No te me querrás poner meloso, no?

Carlos no sabía que decir, se puso rojo de vergüenza y se giró de nuevo pensando en una explicación, pero los hechos hablaban por sí solos. Se levantó y salió hacia el bosque, abochornado, Javi lo llamó para que volviera pero no lo escuchó. Una vez en el bosque apoyó la cabeza contra un árbol, notó que todavía la tenía dura, lo que le dio más apuro todavía. No se dio cuenta de que Javi lo había seguido y que lo estaba alumbrando con la linterna, la dejó en el suelo mientras se acercó a calmarlo:

- Venga Carlos que no pasa nada - dijo acercándose - no se lo voy a decir a nadie, no te preocupes, vuelve y hablamos anda.

- No, no, por favor... - dijo apoyando la espalda en el árbol.

- Que sí hombre, que no te preocupes - dijo acercándose más.

El corazón le latía fuerte cuando lo tuvo cara a cara, respiraba rápido y notaba cómo el sudor le bajaba rápido por la espalda. Notó cómo se humedecía su miembro bajo la ropa interior, fue entonces cuando Javi lo cogió de la mano y lo abrazó. No se lo esperaba para nada, pero agradeció el gesto de confianza devolviéndoselo, Javi frotó su espalda con las manos con la intención de calmarlo.

Su olor varonil y el contacto con su cuerpo lo excitaba todavía más, respiró hondo antes de separarse y decir lo que iba a decir:

- Perdona Javi, pero me has puesto muy burro, no quería que te enteraras de lo mío así.

- Tranquilo, si ya sabía yo que mirabas mucho para aquí en el coche, pero no te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo... si me guardas el secretillo a mi también.

Notó entonces cómo bajaba sus manos hacia su cintura y lo acercaba hacia sí de nuevo, más cerca que nunca comenzó a besarle todo el cuello, su lengua bailaba por su piel sudada mientras lo empujaba contra el tronco del árbol. Sin poder resistirse dejó que todas las fantasías que tuvo mientras viajaban en aquel jeep se hicieran realidad.

Se besaron en un beso que le quitó el aliento, mientras Javi sujetaba una de sus muñecas y la llevaba sobre su cabeza mientras con la otra mano le quitaba la ropa. Se separó un momento para abrirse la camisa y desabrocharse el cinturón, antes de que acabara Carlos llevó su boca a su pecho, besándolo. Entonces Javi lo agarró del pelo y le llevó la cabeza a la entrepierna y frotó la cabeza de su compañero con su paquete dentro de la ropa interior. Carlos notó entonces el olor de su miembro ya erecto antes de que Javi se bajara la ropa interior y abriera la boca para lamerlo.

Todavía agarrándolo del pelo Javi empujó su miembro por la garganta de su compañero, su boca estaba húmeda y sin duda estaba haciendo un buen trabajo. Lo separaba con fuerza de vez en cuando, para que lo admirara y pidiera más. Su carácter dominante hacía que la situación fuera una de las más morbosas que ambos habían experimentado. Carlos acariciaba su propio rabo mientras disfrutaba del de Javi con la mano que tenía libre.

Continuaron así largo rato hasta que de otro tirón lo puso de pié y volvió a emprotrarlo contra el árbol. Le bajó del todo los pantalones y metió sus dedos en la boca de Carlos, lamió los dedos tal y como hizo con su rabo, acto seguido comenzó a abrirle el culo con ellos. Carlos gemía mientras masajeaba las paredes de su ano, y se aferraba con ambas manos al tronco del árbol mientras esperaba lo que con tantas ganas ansiaba.

Javi recuperó un preservativo de la cartera que guardaba en el bolsillo y se lo puso, escupió en su mano y se la llevó al miembro cubierto para lubricarlo. "Te voy a follar hasta que llores semen" fue lo único que dijo antes de meterle el rabo en el culo abierto. La punta al principio, pero todo a los pocos instantes, lo que hizo que Carlos se retorciera de placer. Con el pecho pegado al árbol ambos disfrutaban del momento, Javi lo volvió a agarrar del pelo para morderle el cuello mientras seguía empujando su rabo duro por el culo de Carlos. Lo estaba haciendo tan bien que notaba cómo su rabo presionaba su próstata, acercándolo más y más al orgasmo. El momento no tardó en llegar y Carlos soltó un buen chorro de leche mientras su compañero lo seguía follando contra aquél árbol.

Javi por su parte continuó empujando un rato más, notaba perfectamente cómo la sangre le fluía por el rabo mientras lo follaba, haciendo que estuviera más duro. Salió de él y lo giró hacia sí, agarrándolo del pelo hizo que se pusiera de rodillas, se quitó la goma de golpe y comenzó a masturbarse cerca de su cara. Carlos lamió su pene mientras esperaba ansioso el momento, cuando llegó Javi lo agarró de nuevo del pelo y se corrió en su cara, la leche bajaba líquida y caliente por las mejillas de Carlos mientras Javi recuperaba la compostura. Luego le retiró con el pulgar de la mano los restos de los labios antes de besarlo otra vez.

Escucharon un motor a lo lejos, y se apresuraron a vestirse antes de que alguien pudiera encontrarlos de aquella manera en el bosque. Se limpiaron como pudieron y salieron a la pista, sus compañeros del cuartel no tardaron en llegar y recogerlos. En el viaje de vuelta reinó un silencio incómodo entre los compañeros. Sólo interrumpido por los sonidos que emitía la radio, haciendo preguntas sobre el estado del coche de los dos compañeros. Al llegar al cuartel todos se despidieron y volvieron a sus respectivos hogares. Una vez en casa Carlos se pegó una ducha bien fría mientras recordaba lo que había sucedido, su miembro se endurecía de nuevo mientras el agua fría lavaba los restos de hojas que todavía tenía por el cuerpo. Una vez en la cama hundió la cabeza en la almohada y frotó su rabo contra las sábanas y el colchón, imaginándose que su compañero lo montaba y penetraba de nuevo. Todavía notaba un calor familiar en su ano abierto.

La llamada que recibió antes de que se corriera en las sábanas lo sacó de su trance. Era su compañero. Hablaron largo rato sobre lo sucedido y ambos acordaron guardar el secreto por su bien. Después accedieron a quedar tranquilamente unos días después.



Este fue el comienzo de una amistad que, aunque no fuera tan profunda, les daba grandes momentos de placer a los dos, ya fuera en la cama de alguno de ellos o entre los árboles de la sierra durante las patrullas que todavía compartían.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Double Fun

Era noche cerrada y la música alta continuaba sonando a través de los altavoces de aquella discoteca.El alcohol fluía y la gente bailaba sin parar a su ritmo frenético mientras él disfrutaba de las vistas desde la barra. Había estado más veces en aquel lugar, pero aquella noche el material era mejor de lo habitual, gente joven y desinhibida preparada para cualquier cosa que la noche les pudiera deparar. 

Vio cómo uno de los muchachos que había estado observando largo rato se dirigía al servicio, apuró el resto de la copa y fue tras de él. Lo perdió de vista a medida que se adentraba entre la multitud, pero entró en el servicio de todas formas. Vacío por el momento temió perder a su presa hasta que escuchó su respiración acelerada en uno de los retretes. Sin dudarlo un instante se metió en el de al lado, amparado por el ruido que todavía se escuchaba su presa no se percató de su presencia cercana. A través de un agujero colocado estratégicamente en la pared observó cómo aquél joven de pelo corto castaño y buen cuerpo sujetaba su miembro erecto, lo miró desde donde estaba, mientas la temperatura subía y la sangre hacía su trabajo. Unos instantes después se abrió la bragueta del pantalón y probó suerte ofreciéndose a su vecino, introdujo su rabo duro por el agujero mientras oprimía sus duros pectorales contra la pared del cubículo. 




Notó cómo la mano de aquél joven acariciaba su pene, cómo lo sostenía en la mano antes de notar sus labios en el glande. Luego notó la familiar humedad de su lengua en él, hasta que finalmente notó cómo entraba en su boca por completo. Apretó la pelvis contra aquél agujero mientras hacía un buen trabajo, podía escuchar el sonido de sus labios recorriendo su rabo duro una y otra vez mientras respiraba con fuerza, simuló el vaivén del polvo mientras él también pegaba su boca a aquél agujero, ansioso de más. 

Su diversión se vio interrumpida cuando alguien llamó al cubículo de su presa, notó cómo su boca se separaba para contestar, sin embargo su mano todavía lo agarraba, no parecía querer dejarlo escapar. Por lo que pudo escuchar habían venido juntos a pasar la noche, no quiso saber más, sólo quería que continuara con un trabajo que estaba haciendo muy bien. Cuando se quiso dar cuenta notó cómo su placer se duplicaba, pues notaba cómo la humedad de dos lenguas recorrían ahora su rabo. Los labios de dos personas y sus lenguas compartían el premio de la noche, surcándolo hacia arriba y hacia abajo mientras se entrelazaban y besaban entre ellos. Primero uno y luego otro compartían aquél húmedo premio, mientras él apretaba más y más su pelvis contra el agujero.



Cuando ya no pudo soportar más aquella placentera agonía, salió del agujero, abrió la puerta del cubículo vecino y ahí los vio, a dos jóvenes de edad similar, de rodillas junto aquél agujero, esperando más. Cerró la puerta tras de sí y se dispuso a reclamar lo que ansiaba, los agarró del pelo y los atrajo hacia sí, para que continuasen con su labor. Ahora eran suyos, y como tal los manejó como quiso, aquel era su poder. Deslizó sus cabezas al mismo tiempo mientras ellos se agarraban donde podían y lamían aquel duro rabo que les ofrecía. Primero el uno y luego el otro compartieron su duro y húmedo premio, entre respiraciones aceleradas y gemidos. De vez en cuando se besaban, y él los interrumpía cruzando su rabo en su camino al beso. También se turnaban para trabajar sus testículos mientras el otro continuaba lamiendo su miembro, haciendo de aquél estrecho cubículo todo un universo de placer. 

Cuando llegó el momento ambos compartieron el chorro de leche caliente que soltó sobre ellos, pudo ver como incluso tras tener la cara salpicada de blanco continuaban apurando los restos. Todavía sin soltar sus cabezas los besó a los dos en la boca con pasión, para dar punto y final a aquella aventura y dejarlos solos, para que pudieran decidir por sí solos lo que hacer después. 

Tras aquello cerró la puerta tras de sí y tras acicalarse volvió a la fiesta, había que celebrar las dos capturas de la noche con una buena copa.

lunes, 12 de mayo de 2014

Now That I Have You Standing There...


The cold wind from the North blows in the empty streets of the city when I had to go to meet my date. After spending hours in front of the mirror I walk towards the bridge, one of the places I knew when I arrived in this city, unknown to many, but my second home to me. I zip up my sweater; it is colder than what I had expected.

I meet him wandering on the bridge. When I reach his position I greet him and have a glance at him for the first time; he is one of the cutest guys I have ever met. He is blonde, blue eyes, short hair with the right amount of product in it, slim and an emerging beard that makes him look older than what he really is. I shake his hand and we decide to go to have a drink.

When we are sitting in front of each other I realise I have done well meeting him for drinks; he is quite shy and needs some alcohol to open up. Even if we do not speak the same language we do not have problems to communicate; words actually do not matter when those deep blue eyes look at you. As time goes by, we realise we have many things in common; we both hate football and love photography. I translate some sentences using my phone such as “Is there attraction?” His answer is a big yes followed by an unbelievable smile.

After finishing the drink we head home sharing a few words and jokes along the way. Once at home we go slow, enjoying every second of it. I caress his hand while he takes a look at one of my books trying to find a translation to a sentence he does not manage to express. Suddenly, words start not to matter anymore when I ask his permission to kiss him.

When our lips touch each other’s I forget everything and let myself go. We take off our clothes and let desire take over. I move my hand through all his naked body while we keep kissing. I enjoy every single kiss and every caress as it was the first one. I find out the cock-ring he hides within his underwear and I start exploring that area deeper. He holds my head while I do my job; I look at him in the eyes, enjoying the sight off him having such fun.

We cuddle before, during and after it. He confesses he has felt like never before and that he wants to meet again. After cuddling in bed for a while we get dressed and we share a big kiss as a goodbye.

I go back to bed and check that his scent is still everywhere. I bury my head in the pillow and smell his sweet perfume. I fall asleep instantly hoping with all my strength to see him again; see him again before I leave this city that has taught me what freedom is behind.


El frío viento del norte cae sobre las calles desiertas de la ciudad cuando es la hora de la cita. Tras pasar horas preparándome voy al puente, uno de los primeros lugares que conocí cuando llegué a esta ciudad, desconocida para muchos, pero como un segundo hogar para mí. Me abrocho la sudadera, hace más frío del que pensaba.

Me lo encuentro vagando por el puente, tras llegar a su altura lo saludo y lo miro de cerca por primera vez, es uno de los más guapos con el que he quedado hasta la fecha. Rubio, ojos azules, pelo corto y engominado, delgado y una barba incipiente que hace que parezca más maduro de lo que realmente es. Le estrecho la mano y vamos a tomar algo.

Cuando estamos sentados cara a cara puedo comprobar que hice muy bien en quedar para tomar algo, es bastante tímido y necesita alcohol para abrirse. Aunque no hablamos el mismo idioma no tenemos problemas para comunicarnos, pero las palabras sobran cuando esos dos ojos azul profundo te miran. A medida que pasa el tiempo nos damos cuenta de que tenemos cosas en común, como que odiamos el futbol y que nos encanta la fotografía. Traduzco algunas frases con el móvil, entre ellas la pregunta clave: ¿Hay atracción?. La respuesta es un sí rotundo seguido de una sonrisa de ensueño.

Tras acabar la copa nos vamos a casa, compartimos algunas palabras y bromas por el camino. Una vez en casa vamos muy poco a poco, disfrutando de cada segundo. Le acaricio la mano mientras ojea uno de mis libros, buscando la traducción de una frase que no logra expresar; pero las palabras vuelven a sobrar cuando le pido permiso para besarlo.

Cuando nuestros labios se cruzan olvido todo por un largo momento, y me dejo llevar. Nos quitamos la ropa y dejamos que el deseo hable a través de nuestros cuerpos. Recorro con mis manos su cuerpo desnudo mientras seguimos besándonos, disfruto cada beso, cada caricia, como si fuera la primera. Descubro el cockring que esconde bajo la ropa interior y empezamos a conocernos más a fondo. Toma mi cabeza con las manos mientras hago mi trabajo, lo miro a los ojos de nuevo, disfrutando al verlo disfrutar, desde otra perspectiva.

Nos abrazamos antes, durante y después, me confiesa que se ha sentido como nunca y que quiere volver a quedar. Tras estar un rato juntos, abrazados en la cama, nos vestimos y nos despedimos con un beso en la entrada.

Vuelvo a la cama y compruebo cómo su olor sigue por todas partes. Hundo la cabeza en la almohada y aspiro su perfume. Me duermo al instante, esperando con todas mis fuerzas volver a verlo otra vez. Verlo otra vez antes de dejar este pequeño remanso de libertad atrás.


domingo, 30 de marzo de 2014

Dobranoc

La oscuridad había caído hacía horas sobre la ciudad, convirtiendo aquel lugar lleno de vida durante las horas de sol en un páramo desierto de gente. Cierro la cremallera de mi abrigo mientras voy al encuentro de mis amigos. Cuando los encuentro nos ponemos en marcha de nuevo.

Ha sido un día largo, hacer turismo es agotador, y más si te pasas 12 horas de pié y sólo 4 en la cama la noche anterior. Los pies me pesan y la espalda me está matando, pero aguanto un par de horas más antes de dar por concluida la jornada.

Nos tomamos la primera cerveza de la noche, mis amigos están deseando conocer el local al que vamos a pasar la noche. Temerosos al principio de que no nos dejen entrar procuramos arreglarnos más de lo que ya estábamos. Tras acabar nos acercamos al umbral y conseguimos entrar, no ha habido que preocuparse de nada.

Dejamos los abrigos y nos vamos a bailar, la pista esta abarrotada de gente, nos deslizamos entre la multitud hasta ponernos cómodos y bailamos. Comienzo a conocer a varios amigos, mi inglés me permite relacionarme bastante bien.

Las horas comienzan a pasar mientras nos desplazamos de una sala a otra, el humo hace menos agradable la estancia pero consigo aguantarlo. Seguimos bailando esperando cazar a alguno, pero ser extranjero en estas tierras no parece ayudar. Cada vez siento más pesados los pies, miro el reloj y ya han dado las 2 de la mañana, intento escaparme pero el alcohol en las venas de mis amigos parece hacerlos más persuasivos.

Hago acopio de las fuerzas que me quedan para seguir adelante, hasta que de nuevo llego al límite y estoy a punto de salir por la puerta.. cuando el entró. Agarrado al brazo de su amiga está el joven rubio, alto, de ojos azules por el que merece la pena bailar un poco más. Se acercan mucho a donde estamos y se ponen a bailar a nuestro lado. Ambos nos acercamos un poco y nos miramos a los ojos, cuando me quiero dar cuenta ya hemos deslizado nuestros brazos por la cintura y comenzamos a bailar pegados.

El tiempo se para para mí en estos momentos, bajo y subo la cintura al ritmo de la música a la vez que mi compañero de baile, lo toco, me toca y ya noto que algo aprieta en la entrepierna. Nos presentamos y hablamos un poco antes de seguir bailando un poco más separados. Recupero las fuerzas a un ritmo que hasta me sorprende.

Todavía seguimos bailando cuando juntamos nuestras frentes y nos seguimos surcando el cuerpo con las manos. Lo beso en los labios, cuando acabo de darle el beso el sonríe y pide más. Nos abrazamos y repetimos, la noche ha merecido la pena.

Tras un rato así nos sentamos y hablamos un poco más, es más joven que yo, parece interesante, pero por desgracia nos separan más de 3 horas de viaje. Intercambiamos los números de teléfono, por si el destino quiere que nos volvamos a encontrar.

Tras dar el último baile nos despedimos en la puerta del local, saludo a sus amigos con la mano antes de darle un beso en la mejilla, él me lo devuelve antes de salir por la puerta, sigue sonriendo a medida se aleja y lo pierdo de vista. La misma sensación de tantos años atrás vuelve a invadirme, un instante tan efímero de complicidad que se desvanece de nuevo al cabo de poco tiempo.

La luz del sol ya brilla en la calle de nuevo, vuelvo a casa mientras miro el número de teléfono y su nombre mientras camino por las calles desiertas, esperando sin mucha ilusión y al borde del llanto, volver a verlo algún día.

domingo, 23 de febrero de 2014

Jäger (The Hunter)

La oscuridad envolvía toda la sala. La gente bailaba, muy cerca los unos de los otros, y sobre ellos caían de vez en cuando las luces de los focos del techo, deslumbrándolos durante una fracción de segundo para volver a sumirlos en la oscuridad. La música retumbaba en su cabeza mientras observaba toda la escena desde su puesto.

Con la espalda apoyada en la pared sorbía lentamente de su copa mientras observaba cada mínimo detalle de la escena ante el. Dos metros delante de él una pareja compartía un beso, algo más adelante un chico deslizaba sus manos bajo el pantalón de su compañero de baile mientras lo besaba con fuerza. En la pared contraria otros dos chicos se estaban enrollando, uno besaba el cuello del otro mientras éste dejaba que le metiera mano; mientras que en la barra un chico de mirada picarona flirteaba con el camarero. Dio otro sorbo a la copa mientras intentaba dar con lo que había venido a buscar, parecía que, como cada noche de fiesta, volvería a casa sin encontrarlo.



Echó la cabeza atrás y soltó un suspiro, el alcohol estaba empezando a hacer efecto. Cerró los ojos unos segundos y cuando los abrió y volvió a ver de nuevo su coto de caza particular se percató de que algo había cambiado en la sala. Recorrió rápidamente la sala con la mirada hasta que lo vio entrar, aquella era la presa que había estado esperando. Lo vio atravesar la multitud y llegar a la barra a pedir. Lo observo de nuevo, era su tipo: Alto, pelo oscuro y corto, muy masculino, con barba de un par de días, espalda ancha y atlético, pero sin exagerar. Llevaba puesta una camisa blanca bajo la cazadora de cuero, algo que le encantó. Unos instantes después de pedir se mezcló de nuevo entre gente, hasta perderse de vista. Maldijo para sus adentros mientras apretaba la copa con fuerza, por cosas como aquella no le gustaba beber.

Intentó sin éxito volver a encontrarlo, cuando estaba a punto de rendirse y volver a casa apareció. Se acercaba peligrosamente hacia él, permaneció inmovil hasta que se colocó a su derecha, apoyado en la pared, junto a él. Procuró no mirarlo mientras hacía que bebía algo más, a la hora de la verdad no solía acobardarse, pero llevaba esperando mucho tiempo a que apareciera alguien que realmente le gustara, con lo que los nervios afloraron. No hicieron falta palabras, pues su presa se acercó a su oído para que le pudiera escuchar:

- ¿Hay algo interesante hoy? - le preguntó levantando algo la voz.
- No - dijo dubitativo - Lo de siempre, supongo.
- ¿Entonces que estás buscando en la pista? - le preguntó, interesado.
- Tres metros hacia delante hay una pareja metiendose mano, llevan así más de una hora - dijo apuntando discretamente con el dedo - Dos metros hacia la derecha hay otra pareja besándose, el chico a un metro de ellos lleva mirándolos toda la noche con odio, supongo que está celoso - dijo girando el dedo - En la pared de enfrente los dos chicos que antes estaban dándose el lote se han escabullido hacia el váter, no te recomiendo cortarles el rollo. El chico en la barra se ha cansado de flirtear con el camarero y ha preferido encontrar a alguien más joven a quien cortejar... tal que ahí - dijo señalando su último objetivo.
- Interesante - dijo sorbiendo su copa - Muy observador.
- Una capacidad que he trabajado con el tiempo.
- Pues yo tengo otra - dijo dejando la copa a un lado, agarró su mano y tiró de ella amablemente - Deja que te enseñe.

Tras dejar la copa a un lado también bailaron juntos durante un rato, cazador y presa, aunque en aquél momento los papeles eran algo confusos. No era el mejor bailarín pero consiguió seguirle el ritmo, vio cómo el sudor le bajaba por el cuello de la camisa mientras bailaba. Estaba claro que había atracción entre los dos, pues ambos se tocaban sutilmente entre paso y paso, sin apartar la vista de los ojos del otro. En algún momento de aquél baile, cuando quedaron más cerca que nunca, notaron un roce en la entrepierna. Esta era su noche de suerte. Después de un buen rato de baile volvieron a la pared, esta vez él era presa de aquél desconocido, en cuanto lo rodeó con sus brazos y le dio un beso en la boca. Saboreo aquel beso esperado, por una vez había encontrado lo que quería.



A tres kilómetros de ahí las puertas del apartamento en el que vivía se abrieron y cerraron rápidamente, minutos después estaban disfrutando de aquella noche de caza en compañía, una de las mejores que habían tenido ambos hasta la fecha.


Con cariño a mis Dark Mariconas

domingo, 16 de febrero de 2014

Nuestra Participación en el Concurso KinkyAngels Story (Bel Ami)

Aupa!

Hace poco la compañía pornográfica Bel Ami convocó un concurso para hacer un guión para su próxima escena. Sin dudarlo por un momento los miembros del Hunklopedia Team nos pusimos a trabajar como putas locos para hacer algo creativo y optar al premio (4 DVDs y la realización de la escena). A mi la verdad que los DVDs me dan un poco igual pero que produjeran la escena ya sería una satisfacción personal de la hostia.

Aquí os lo dejo en castellano (versión hecha por mí) y la traducción (hecha por Thor, que lo ha puesto todo muy nice):

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Hi!

A few weeks ago Bel Ami presented in their tumblr account a storyline contest, searching for inspiration for their next scene. Without having any doubt the Hunklopedia Team members started working hard in the storyline. We don't care much about the 4 DVDs they are giving, the most important thing for us is that, if we win, they will film the scene we wrote, this would really be a very satisfying thing for us.

Here you have it in Spanish (written by me) and the English version (Translated by Thor, who has put it very nicely):


El sol se había ocultado tras los rascacielos de la ciudad mientras todavía seguía trabajando. Se aflojó de nuevo la corbata que le oprimía el cuello y aporreó el teclado más rápido para acabar cuanto antes las tareas pendientes. A sus 19 años Adam había conseguido entrar en una empresa bastante importante y, aunque sólo trabajara de oficinista, el suelo merecía la pena, con lo que soportaba toda la carga de trabajo que le imponían.

Tras unos minutos más de agonía acabó el trabajo de aquél día, cerró el ordenador y tras coger su americana salió hacia la calle, cruzando los pasillos desiertos del gran edificio. Las tripas le rugieron mientras bajaba sólo en el ascensor, no había comido nada desde que había entrado a trabajar, aunque no era la primera vez que aquello ocurría. Tras salir del edificio se dirigió a la parada del tren, todavía tenía un buen rato hasta que llegara, con lo que sacó un sándwich de una máquina expendedora y lo comió mientras esperaba sentado en uno de los bancos del andén.

Respiró hondo al acabarse aquella delicia precocinada, aquél era el único momento del día en el que podía relajarse, el ritmo frenético que llevaba no le permitía tener mucho tiempo para él. Incluso quedar con gente se había convertido en un sueño utópico después de entrar a trabajar en aquella empresa. Hacía meses que no disfrutaba de la compañía de otro hombre, lo que lo había sumido en un estado de excitación permanente que sólo acabaría cuando deslizara su miembro en el culo prieto de algún chico que le gustara. Tenía aquellos gustos claros, buscaba alguien parecido a él. Era delgado de por sí, pero aquél ritmo de trabajo había hecho que perdiera más peso todavía, con lo que notaba cómo sus abdominales comenzaban a asomar, la mata de pelo moreno que le cubría la cabeza ayudaba a disimular un poco la cara de niño que todavía tenía.

Miró hacia la pasarela que separaba las dos partes de la estación, nunca había nadie a aquellas horas de la noche. Aquella soledad lo incomodaba, nunca sabía quién podría aparecer de la nada y asaltarlo, pero aquello, en aquél momento concreto de su vida, le pareció una buena opción. Un buen asalto es lo que necesitaba. La simple idea hizo que empezara a notar agitación en su entrepierna; acarició su rabo con la mano a través del pantalón, consciente de que nadie lo vería y disfrutó de aquella sensación mientras la sangre comenzaba a acumularse.

Volvió a mirar hacia la pasarela mientras seguía tocándose, había alguien observándolo en la penumbra. Observo con cuidado, dejando de acariciarse el miembro por un momento. Pensó que sería un vigilante de la estación, pero tenía aspecto joven y no vestía uniforme, sino una fina camiseta de tirantes que dejaba ver sus brazos y parte de su pecho. Tenía los brazos apoyados sobre la barandilla, como si estuviera disfrutando de la escena. Adam, sin ningún pudor, continuó con lo suyo mientras lo miraba fijamente.
El haz de luz que dejó durante un instante un coche que pasó por detrás de su observador le permitió verlo. Era rubio y algo más bajo que él, tenía un tatuaje en el cuello. Pudo ver cómo se llevaba su mano a la entrepierna y pasaba la lengua por sus labios, estaba claro que estaba disfrutando de la escena. La situación no podía ser mejor, Adam le hizo un gesto con la mano para que bajara, no podía desaprovechar aquella oportunidad. Tras unos instantes estaban cara a cara, viendo cómo sus miembros oprimían su ropa. Adam se levantó del banco y, sin mediar palabra,  se dispuso a besarlo en los labios; cuando estuvieron a punto de hacerlo se escuchó el sonido del tren en la lejanía, ambos se separaron, sobresaltados, el tren ya estaba tras de sí.

-          Ven conmigo – le dijo Adam mientras le acariciaba el cuello.

Su observador asintió y juntos entraron al tren. Apenas había gente en el vagón, con lo que pudieron estar muy cerca el uno del otro mientras avanzaba hacia su destino. Recorrieron discretamente sus cuerpos con las manos y se besaron de vez en cuando hasta llegar a la parada indicada. Una vez ahí no faltó mucho hasta que llegaran a casa de Adam y cerraran la puerta tras de sí.

Se arrancaron la ropa de camino a la habitación, mientras se besaban con fuerza. Adam lo empujó sobre la cama, le quitó los pantalones y se lanzó sobre él, lo besó fuerte de nuevo mientras aquel desconocido le acariciaba todo el cuerpo. Se besaron largo rato hasta que Adam comenzó a bajar por su cuello, besando cada parte de su piel hasta llegar a la entrepierna. Retiró su ropa interior para contemplar su miembro, tras agarrarlo con la mano comenzó a lamerlo con fuerza, mientras su compañero gemía y se llevaba las manos a la cabeza.

Tras un rato Adam se quitó la ropa interior, dejando al descubierto su rabo, duro como una piedra. La mano del desconocido acarició su glande, mientras Adam todavía seguía a lo suyo e introducía sus dedos en el ano parcialmente dilatado del chico que le estaba alegrando la noche. Lo masajeó con cuidado hasta que posó sus labios sobre él y comenzó a lamerlo, no hizo falta mucho trabajo para abrirlo por completo, tras aquello cogió un condón y lubricante de su mesa de noche y se abrió paso a través de él, mientras ambos gemían de placer.

Follaron en todo tipo de posturas, pero como más disfrutaron ambos es cuando su acompañante se sentó sobre su rabo, cara a cara. Mientras se deslizaba arriba y abajo pudieron besarse y mirarse fijamente,  mirar cómo disfrutaba y cómo el estrés de tantos días se desvanecía en poco tiempo. Su acompañante ya no aguantó más y se corrió sobre el pecho de Adam mientras todavía seguía en su interior. Adam continuó empujando hasta que llegó el momento de descargar, en ese momento salió de su interior, se quitó el preservativo y se sentó a horcajadas sobre su cuello. Se masturbó con fuerza mientras lo agarraba del pelo, después soltó una generosa dosis de leche sobre la cara de su acompañante. Tras retirársela de los ojos lo besó en la boca.


Aquél fue el momento que había esperado durante tanto tiempo, y, si las cosas eran favorables, volvería a repetirlo muy pronto.

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The sun had already set behind the skyscrapers of the city when he was working. He loosened his tie a little and continued to type faster to finish the remaining tasks he had.By the time Adam was 19 he had already got a job in an important firm even if he just worked as an office clerk. His salary was way better than what he could have imagined so he put up with all the work he was given.

After a few minutes of hard work he finished and shut down the computer. He took his coat and went out through all the empty hallways of that big building. He realised he was hungry while in the lift; he didn’t have anything to eat since he started working. That was not the first time though. He headed towards the train station; he had to wait quite a while for the next train so he took a sandwich from a vending machine he found in the station. He ate it all while he was waiting on a bench of the platform.

Adam took a deep breath after eating what he felt it was the most delicious thing ever due to his hunger. After tossing the recipient of the sandwich he wore his headphones to listen to his favourite singer. Then, he realised that was the only moment of the entire day he could loosen up a bit and relax from the frenetic rhythm he had to follow daily. He didn’t have time for himself or other people, so it was really difficult for him to have a social life since he started that job. Months had gone by since the last time he didn’t feel the contact of a body next to him. He was all the time imagining the perfect hot guy ready for action. Just the thought of that wish made him be in an eternal excitement that only would be eased when he slipped his hard cock into the tight ass of a guy he fancied. He knew what type of guy he desired the most, somebody like him. He was thin, but his work had made him lose weight even more. His abs were more visible than ever so he was feeling really good about his body. His hair was dark and long which made him look a little older.

He had a glance at the walkway that separated both platforms of the station. It was always empty at that time of the night. That emptiness and loneliness used to make him uncomfortable, not knowing who could be there to assault him. In that moment the idea of a hot guy assaulting him didn’t feel that bad at all; it was actually what he needed. The simple thought of that made him feel something growing in his pants; he touched his dick on the jeans he was wearing, aware that nobody would see him. He was enjoying the moment while his dick was getting bigger and bigger.

He had a glance at the walkway again while he was touching himself. He could see someone staring at him in the dark. He tried to guess who that person was leaving his hand on the bench. He thought it was the security guard of the station, but he looked young and he wore no uniform, just a thin t-shirt that allowed his shoulders, arms and part of his chest to be seen. Adam, with no shyness, continued touching himself while staring at the guy in the dark.

For a moment, the light of a car made the stranger visible. He was blonde and a little shorter than Adam. He had a tattoo on his neck. Suddenly, Adam saw how the stranger’s hand got down into his trousers while licking his own lips as a sign of enjoyment. The situation was perfect, so Adam made a sign with the hand for him to approach him. That was an opportunity he could not waste.

A few seconds later the two guys were face to face, feeling how their pants were going to explode. Adam stood up from the bench and without saying a word he made the move and tried to kiss his soft lips. When Adam’s lips where about to touch the stranger’s they both startled with the sound of the train entering the station. They split immediately trying to pretend nothing happened as someone might have seen them.

- Come with me – Adam told the blonde stranger while caressing his neck.

The stranger nodded and both got into the train. The train was nearly empty so they could sit together, close from each other, almost feeling the heartbeat of one another. They looked over the other’s body and kissed from time to time. When they reached their destination, Adam took the blonde guy into his apartment closing the door behind them.

They took each other’s clothes off while getting to the bedroom and they kissed passionately. Adam pushed him to the bed, took his trousers off and jumped on top of him. He kissed him even more passionately while touching all his body. He went downwards, first stopping at the neck and licking it; secondly at his nipples, sucking them and biting them softly; thirdly his firm belly and finally he arrived at the spot he most wanted to see. He took his underwear off and saw the stranger’s dick. He took it and started stroking and rubbing it against his bulge. A few minutes after, he took his dick into his mouth and started licking and sucking it softly. He noticed how the body of his partner started relaxing while he moaned more as he started sucking harder.

After a while, Adam took his own underwear off leaving his rock-hard cock for the blonde stranger to see. The hand of his partner caressed his glans while Adam touched the blonde’s ass and introduced softly a finger in the partially dilated anus. He massaged it with care until he got down and licked it. He felt his partner really turned on, so he took a condoms and lube from the bedside table. A few seconds later he was inside the stranger, both moaning and feeling each other’s body.

They fucked in different positions but the one that really turned them on so much was when Adam lied down in the bed and his partner got on top of him, moving upwards and downwards while looking at each other’s faces. They could kiss while in that position, looking at how the pleasure took over them and how the stress of those long hard-working days vanished. The blonde stranger couldn’t hold it longer and shot his load all over Adam while he was still inside him. Adam kept on pushing until his turn to cum came. He took his cock out, took the condom off and the blonde stranger got next to his hard dick. He jerked off fast as he was grabbing his blonde hair till he exploded and came on his face. They stood still for a few seconds enjoying the moment. After cleaning himself, the stranger approached Adam and kissed his lips.

That was the moment he had been waiting for a long time and was hoping to do it all over again very soon.



miércoles, 15 de enero de 2014

Tied Together (Part 2)

Un rayo de luz de amanecer en los ojos lo despertó, había olvidado cerrar las persianas tras aquella noche especialmente intensa. Se llevo las manos a la cara mientras soltaba un gran suspiro antes de echar hacia atrás las sábanas y descubrir lo contento que se había despertado. Sin darle mayor importancia cogió el móvil sobre la mesa de noche y miró si tenía algún mensaje mientras acariciaba su glande con los dedos con la otra mano, estos se impregnaron de aquél líquido translucido.

Sus amigos le habían enviado las fotos de la noche anterior, pudo ver de nuevo cómo suspendía a su joven alumno, también el beso del final. Dejó el móvil al lado y se sentó sobre la cama, vio a su lado el papel que le habían metido en el bolsillo del chaleco. Sin pensárselo mucho lo añadió a la agenda y mando un simple “hola” a su dueño. Mientras esperaba respuesta se vistió y desayunó. Cuando volvió al dormitorio todavía no obtuvo respuesta, con lo que decidió pasarse por el gimnasio.

Los sábados por la mañana eran los días más tranquilos para trabajar, apenas había gente y podía estar a su aire. Tras su rutina de siempre se dio una ducha en el vestuario y volvió a casa, aquella vez no tuvo la suerte de observar cómo alguien compartía aquella ducha a su lado. Cuando volvió a casa obtuvo la respuesta que quería, su admirador en cuestión parecía emocionado por que le hubiera contactado. No tenía foto de perfil, pero aún así estuvieron intercambiando mensajes un rato, no dieron nombres, ni ningún dato en particular, a fin de salvaguardar sus respectivas identidades. Lo que pudo ver de aquél admirador le gusto, era agradable y no parecía mala persona. Al final concretaron una cita a ciegas para el lunes. Fran no era asiduo a este tipo de citas, pero por alguna razón sintió que no tenía nada que perder, si algo no salía a su gusto no tenía más que levantarse e irse antes de estrecharle la mano.


El tiempo hasta el lunes por la mañana pasó rápido, tenía trabajos de clase que corregir. No pudo evitar ponerle especial atención al trabajo de Abel, aunque los números no dijeran gran cosa de una persona pudo observar su buena caligrafía.

Se levanto inquieto la mañana de aquel lunes, tanto por tener que ver a su alumno como por la cita. Echo un vistazo rápido a la clase cuando entró, ahí estaba, con los codos sobre la mesa y pensativo, jamás sospecharía que había sido él con quien se había divertido tanto aquella noche. Despejó su cabeza de los pensamientos que le invadieron en aquél momento y dio la clase como de costumbre, tratando no parecer nervioso. Abel pareció estar ausente todo el tiempo que duró la clase. Al acabar salió rápido del aula para prepararse, no quería llegar tarde a la cita.

Al llegar a casa confirmó su cita con el desconocido, se preparó y partió hacia donde habían quedado. Eligió un atuendo casual pero elegante a la vez, para dar buena imagen. Cuando llego a la cafetería donde había quedado se sentó en la única mesa libre que quedaba y pidió un café. Parecía que toda la ciudad hubiera elegido aquél lugar para quedar, temió no ver a la persona con la que había quedado. Mientras esperaba sacó un libro del bolsillo y comenzó a leer para hacer tiempo, estar sin hacer nada era una de las cosas que más odiaba.

El desconocido llegaba tarde, ojeo el móvil e intento contactar con él pero no le contestó. Estuvo a punto de levantarse e irse, cuando vio a Abel entrando por la puerta de la cafetería, iba sólo. Fran se preguntó qué haría ahí, continuo un rato sentado, el tiempo justo para darse cuenta de que estaba acercándose a saludarlo. Dejó el libro en la mesa para atenderlo.


Se saludaron amistosamente, sorprendidos ambos de encontrarse en aquel lugar. Fran lo invitó a sentarse con él ya que no había ningún otro sitio donde hacerlo, pidió algo en la barra y se sentó frente a él. Ninguno de los dos se esperaba encontrar a ningún conocido ahí, pues ambos estaban esperando a personas diferentes. Hablaron amistosamente sobre lo que hacían normalmente, cosas sin importancia, nada íntimo, hasta que la conversación se fue desviando hacia lo personal. Los dos admitieron haber quedado con alguien más, pero ninguno aparecía. Miraban el móvil constantemente, esperando la llamada, pero no había novedades en ellos.

Pasó una hora y todavía continuaban hablando, al final decidieron llamar a sus respectivas citas para posponerlo. Ambos se llevaron el teléfono al oído para llamar, esperaron, entonces los dos teléfonos empezaron a vibrar. Apartaron los teléfonos del oído y lo miraron. Se estaban llamando entre ellos, entonces comprendieron que, sin saberlo, habían quedado en aquél mismo lugar.

Se miraron, no se lo podían creer. Parece que Abel fue quien escurrió aquél papel en su chaleco mientras lo besaba, buenas manos, sin duda. Recordó de nuevo aquél beso prohibido. Al principio ambos se sintieron incómodos, Fran sabía quién era en el momento que lo subieron al escenario, pero no podía negarse a tomar un voluntario, por otro lado Abel estaba confuso: le gustó lo que ocurrió, pero para nada esperaba que su profesor fuera el que le hizo pasar tan buen rato. Los dos acordaron que aquello debía quedar estrictamente entre ellos para asegurar su seguridad, nadie debía enterarse o los dos se verían en problemas. A pesar de que reinaba una tensión incómoda en el ambiente se miraban constantemente a los ojos, ya no había una máscara entre ellos.

- ¿Y visitas mucho estos bares? – le preguntó Fran.

- Alguna que otra vez – dijo, todavía nervioso - aquella noche estábamos saliendo por el ambiente. Mis amigos saben que estas cosas me gustan y me acompañaron hasta el bar… y luego pasó lo que pasó.

- ¿Te arrepientes de haber subido al escenario? – preguntó Fran, directo como una bala.

Abel se lo pensó un momento mientras todavía lo miraba a los ojos. Fran lo vio nervioso, con dudas, en el fondo lo entendía, era una situación violenta, pero él sabía muy bien lo que había visto aquella noche, un chico que disfrutó como nunca, con el rabo bien duro mientras colgaba del techo, sometido por él.

- No – contestó, decidido – no me arrepiento.

- Bien – dijo Fran mientras agarraba su mano.

Salieron juntos de la cafetería, caminaron durante un rato por la calle ya oscura, las farolas se habían encendido hace poco y desprendían su luz sobre el suelo húmedo de la ciudad. Abel caminaba junto a él en silencio, había captado perfectamente lo que ambos querían hacer. La cafetería quedaba cerca de casa de Fran, con lo que no tardaron mucho en llegar, una vez en el portal los dos se detuvieron delante de la puerta. Fran la abrió y lo invitó a pasar. Él atravesó el umbral con paso firme; se montaron en el ascensor.

Abel rodeó su cintura con sus brazos y lo abrazó nada más se cerró la puerta, él le devolvió el abrazo, le puso una mano en la cara para que lo mirara y le besó con fuerza en los labios. El ascensor seguía la marcha mientras Abel nadaba en su boca, comenzó a notar su miembro endurecerse bajo los pantalones, rozando contra su pierna, pues Fran era más alto que él. Agarró sus nalgas con fuerza, palpando el culo que debió ser suyo aquella noche. Se separaron cuando el ascensor abrió sus puertas, Fran metió la mano entre las piernas de Abel e hizo fuerza hacia arriba para cargarlo sobre su hombro, luego lo llevó hasta la puerta de su piso, entre risas. Era ligero, más de lo que pensaba. Tras abrir la puerta de casa y cerrarla una vez dentro, lo cargó hasta su dormitorio, donde lo dejo caer sobre la cama.


Fran se hecho sobre él. Continuaron besándose mientras se quitaban la ropa, cuando fue a echar mano de su entrepierna Abel lo detuvo, separándose un instante de su boca:

- Átame, quiero que me poseas, quiero ser tuyo, sólo para ti – dijo mientras lo abrazaba – quiero tenerte dentro sin que pueda hacer nada.

Fran se separó de él y volvió a agarrarle la mejilla para mirarle a los ojos, después lo besó de nuevo y se levantó de la cama para dejar al descubierto su pequeña mazmorra. Abel se quitó la poca ropa que le quedaba y entró dentro, después cerraron la estantería tras de sí y, tras recoger las cuerdas se pusieron manos a la obra.

Primero le ato las manos a la espalda y desde ahí fue haciendo los respectivos arneses mientras besaba con su boca cada parte del cuerpo por la que pasaba. Una vez tenía todas las piezas bien atadas pasó las cuerdas sobre un anillo en el techo y lo suspendió de forma que parecía que estuviera sentado en una silla. En esta postura fue cuando se quitó los pantalones, agarró con su mano su miembro erecto y húmedo, se arrodilló y comenzó a lamer el ano de Abel. Este se estremecía de placer, incapaz de moverse. Entre gemidos le pidió que se pusiera la máscara para follarle, a lo que Fran no se negó.

Una vez acabado de lamer aquél culo de ensueño Fran se puso la máscara y un preservativo, agarró las piernas de su joven alumno y comenzó a follárselo. Su rabo se deslizó por su culo prieto y una sensación placentera lo invadió, una de sus mayores fantasías se había hecho realidad. Se folló a su alumno rápido y lento a la vez, mientras su rabo duro como una piedra estaba totalmente húmedo. En uno de los últimos empujones consiguió que alcanzara el orgasmo, no hicieron falta manos para dejar su pecho cubierto de leche.



Cuando no pudo aguantar más soltó una de las cuerdas para que Abel echara la cabeza hacia atrás, entonces salió de su interior, se arrancó el condón del rabo y después de masturbarse con fuerza y agarrar su corta melena rubia con la mano sudada le llenó la cara de su dulce esperma. Tras soltar un sonoro gemido de placer puso una rodilla en el suelo y lo besó en la boca.

Dejó a Abel colgado un rato más mientras se relajaba, mientras tanto palpó de nuevo su cuerpo surcado por cuerdas con la mano desnuda y le retiró algo de lefa a punto de metérsele en el ojo. Tras esto lo liberó y lo llevó en brazos hasta la ducha, donde continuaron besándose bajo el agua. Una vez limpios se tumbaron en la cama. Abel se durmió rápidamente, rodeando la espalda de Fran con un brazo y apoyando el otro sobre su abdomen. Su rostro reposaba sobre su pecho, respirando suavemente. Fran acarició su mejilla antes de dormirse también, no sería fácil olvidar aquella noche.

A la mañana siguiente se despertaron abrazados. Abel se llevó los dedos a los ojos para aclarar algo la vista y luego le dio los buenos días sentándose a horcajadas sobre su ingle y dándole un beso en la boca. Fran pudo palpar de nuevo sus glúteos mientras sus lenguas se entrelazaban. El calor del momento hizo que el deseo se prendiera de nuevo, Fran mojó los dedos en la boca de Abel, disfrutando de su lengua, y los llevó al ano de su joven alumno. Continuaron besándose mientras lo abría poco a poco, mientras aquél profesor con una doble vida le masajeaba la próstata. Lo poseyó de nuevo tumbado en la cama, estando Abel sobre él, le dejó seguir el ritmo que él quisiera, mientras Fran pasaba su mano por el pecho y pellizcaba los pezones de su nuevo amante. Tras estar así largo rato Fran lo empujó hacia atrás y le abrió las piernas en uve, se la metió hasta el fondo, haciendo que gimiera con fuerza. Cuando llegó el momento de descargar ambos se corrieron a la vez, sobre el cuerpo delgado de Abel.

Tras limpiarse hablaron durante un rato más. Había voluntad de seguir quedando, no podrían verse muy a menudo para levantar sospechas y deberían de cuidar su comportamiento a partir de entonces. Decidieron no volver a quedar hasta acabar el curso y, por lo tanto, quedar los dos libres de responsabilidad profesor-alumno, sin embargo seguirían hablando aunque no hubiera nada serio entre ellos.

Fran lo despidió en el umbral de la puerta de su casa, con un beso profundo en la boca.

Los 4 meses restantes de curso pasaron rápido, ambos mantuvieron celosamente su secreto durante todo aquél tiempo. Ambos continuaron con su vida normal a pesar de sentir una gran atracción física el uno por el otro. Cuando llegó Junio la espera acabó. Liberados de toda responsabilidad volvieron a encontrarse en casa de Fran, sus labios volvieron a juntarse tras su puerta cerrada, a salvo, atados por un nuevo vínculo que ninguno de los dos había sentido nunca.


jueves, 2 de enero de 2014

Tied Together (Part 1)

El timbre que daba inicio a las clases volvió a sonar como cada mañana. Los chavales a los que enseñaba estadística entraban en clase montando un gran alboroto, correteando y gritando antes de que la clase diera comienzo. Aquél año había tenido bastante suerte, su grupo era de los más tranquilos de aquél instituto de las afueras de la ciudad y no le causaban demasiados problemas. Llevaba bastantes años enseñando a las nuevas generaciones la importancia de los números, aunque a ellos no les interesaba demasiado.

Fue uno de los pocos que terminó la carrera de matemáticas en su promoción. Fueron menos aún los que acabaron con un expediente como el suyo, que le abría las puertas a cualquier lugar que deseara. A pesar de que las universidades y los centros de investigación se lo rifaban, prefirió a los jóvenes. No le costó mucho trabajo encontrar un lugar cercano a su casa en el que le dieran trabajo. Su instituto buscaba a alguien como él: joven, trabajador y con mano dura para enseñar la asignatura. Y así era él.

A sus 30 y bastantes años Fran era un hombre de altura media y ancho de hombros. Una fina barba muy bien recortada acompañaba al pelo gris de su cabeza. Los demás profesores tomaban a los matemáticos como unos “frikis” chiflados que se pasaban las horas delante de pizarras llenas de ecuaciones, pero él parecía ser la excepción a la regla, porque tenía el cuerpo trabajado en el gimnasio, una de sus pocas aficiones conocidas por todos, y disfrutaba saliendo a tomar algo como el que más. Desde que entró a trabajar en aquél instituto las compañeras de trabajo no perdían detalle de él y, aunque alguna intentó echarle el lazo, no mostraba interés en el tema.



Continuó dando la lección mientras sus alumnos escuchaban atentamente. Rondaban la veintena la mayoría, no pudo evitar fijarse en lo “potente” que venía la juventud: a todos los chicos, o la gran mayoría, se les notaba que iban al gimnasio mientras que las chicas iban cada vez con ropa más ajustada. Entre aquél grupo había todo tipo de personas: los típicos chulos de barrio, algunos más tímidos, los estudiosos… pero en general se llevaba bien con todos. Tras un rato más el timbre que marcaba el fin de las clases sonó, acabando con su jornada por aquél día.

Se despidió de sus alumnos y compañeros de trabajo y cogió el metro de vuelta a casa. Estaba lleno, como de costumbre, se agarró a una de las anillas que colgaban del techo antes de que el tren arrancara. Cuando comenzó a moverse un chico joven chocó contra él de espaldas, quedando muy cerca el uno del otro. Agarró la cintura del joven con la mano que tenía libre antes de que ambos cayeran al suelo y las dejó ahí por un breve instante. Tenía la ingle muy cerca de su trasero y su cabeza, cubierta de una corta melena rubia, sobre su pecho; imaginó que metía la mano por su pantalón mientras le mordía el cuello, haciendo que se retorciera de placer. La magia acabó cuando el joven se giró para agradecerle el haberle sujetado y pudo ver su cara, era uno de sus alumnos.

Ambos se saludaron, sorprendidos al principio, ninguno de los dos sabía que cogían el mismo tren. Tras acabar de golpe con el calentón hablaron tranquilamente mientras llegaban a su destino. Recordó rápidamente quién era aquel chico, se llamaba Abel, era un chico algo más bajo que él, pelo corto, rubio, delgado… una persona sencilla y de ojos soñadores que no llamaba demasiado la atención en clase. La conversación no se alargó demasiado, pues a los pocos minutos de comenzar el tren llegó a su destino. Ambos se despidieron hasta el día siguiente en el andén y Fran continuó con su camino.


Llegó a casa poco después. Era un gran edificio acristalado, de amplias ventanas, situado no muy lejos del centro de la ciudad. Albergaba más oficinas que casas, así que la gente se sorprendía cuando decía que vivía ahí. Abrió la gran puerta de cristal del portal y tomó el ascensor hasta el último piso. Tras abrir la puerta de casa entró en su ático. Era espacioso y bien iluminado, los diferentes muebles, colocados con muy buen gusto, separaban las diferentes estancias, entre las cuales no había apenas tabiques, salvo para el cuarto de baño y las habitaciones. Las grandes ventanas le daban unas vistas privilegiadas de toda la ciudad.

Dejó sus cosas sobre la cama en el dormitorio y comenzó a prepararse para la noche. Se dirigió a la otra habitación y, tras cerrar la puerta tras de sí, alcanzó con la mano uno de los libros de la estantería. Tras tirar de él la estantería se hizo a un lado, dejando al descubierto su pequeña zona de recreo. Ahí estaba todo tal y como lo dejó: Su estante repleto de juguetes, con cuerdas colgando de los colgadores, su aspa acolchada, sillones varios… una pequeña mazmorra muy bien disimulada. Se sentó y comenzó a preparar las cuerdas para la noche: varios colores, varias longitudes y grosores… la rutina previa a un espectáculo.

Recordó como instaló todo aquello: con la mayor discreción posible él y algunos amigos visitaron el almacén por la noche, tras comprarlo todo y sin que nadie los viera, sobre las 4 de la madrugada llevaron todo a casa. Incluso las grandes mentes tenían sus secretos. El esfuerzo sin duda había merecido la pena, pues aquella habitación le había otorgado grandes momentos tanto a él como a la gente que la visitaba.

Tras trenzar toda la cuerda y guardarla en su bolsa de deporte, procedió a vestirse. Para aquella noche eligió unos pantalones de cuero negro, muy ceñidos y una camisa blanca, sobre la cual se puso un chaleco, también de cuero negro. Añadió también la máscara que vestía en todos los espectáculos, le cubría la mitad de la cara, dejando al descubierto la boca. Cuando acabó el sol se ocultaba para dar paso a la noche, ya era casi la hora de salir. Preparó los últimos detalles y tras ponerse el abrigo se puso en marcha.

Había empezado a practicar bondage hace mucho tiempo, cuando tenía 24 años. Tras sus primeros pasos “de bondage de andar por casa” algunos amigos le animaron a presentarse a un peculiar concurso de talentos que organizaba uno de los bares de ambiente que frecuentaban. Tras su número, en el que realizó una suspensión espectacular, dio el salto a la fama en el mundillo y los bares se peleaban por verlo en acción. Su trabajo era puro erotismo, sensual, diferente… y mucha gente lo valoraba. Una vez al mes visitaba alguno de estos locales para hacer una exhibición, cosa que mucha gente agradecía, con mucho cuidado de mantener su identidad en secreto, nadie debía saber lo que hacía.

Tras llegar al local donde actuaba preparó el escenario, los organizadores habían retirado la barra donde solían bailar sus gogos ligeritos de ropa. Se aseguró de que el mosquetón sujeto al techo estaba bien asegurado para aguantar el peso de una persona, no quería disgustos. Cuando todo estuvo preparado los encargados del local lo invitaron a copas. Antes de comenzar el espectáculo lo preparó todo minuciosamente y, finalmente, se puso la máscara, poco después la gente comenzó a entrar en el local. Había muy buen ambiente, la gente hablaba, bebía y bailaba un poco, algunos ya habían conseguido echar el guante a su ligue de la noche y disfrutaban de la presa apiñados en las paredes. Aquella noche incluso había gente más joven de lo habitual.

Cuando llegó la hora el encargado lo presentó y se subió al escenario, a su lado estaba otro de los encargados, que le sujetaba el micrófono. Los focos los iluminaron, tras los aplausos llamó al escenario a la persona que había preparado el local para realizar el espectáculo, un modelo despampanante de pectorales generosos y un abdomen de infarto que haría que a todos se les cayera la baba. Se hizo el silencio en el local, nadie respondía a su llamada. Todos se miraron los unos a los otros, aquello no solía ocurrir. El encargado, nervioso, cogió el teléfono y comenzó a llamar al modelo, pero nadie contestaba a sus llamadas. Viendo que la gente comenzaba a mosquearse, pidió disculpas e hizo algo fuera de lo habitual. Cogió el micrófono y pidió un voluntario entre el público. “Alguien de mi estatura, 73 kilos, que no tenga miedo a quitarse un poco de ropa…”.



La gente comenzó a murmurar y entre la multitud se escuchaba el “anímate, venga”. Tras animar un poco más la situación un grupo de chicos llevó en brazos a un compañero hasta el pie escenario, entre risas. Delgado, pelo rubio y corto, joven y sospechosamente familiar. Cuando le tendió la mano para ayudarlo a subir al escenario se percató de quién se trataba. Lo había tenido muy cerca aquél mismo día, pero jamás se imaginó encontrarse a Abel en aquél lugar. Haciendo gala de su habilidad para ocultar la sorpresa lo ayudó a subir y pidió un aplauso para él. La enorme ovación que recibió su joven alumno fue tal que hizo que se sonrojara, tras acabar le pidió que se quitara la camiseta, el obedeció. Tenía un cuerpo muy bonito, con algo de pelo rubio por el pecho. Le cogió de la mano e hizo que girara sobre sí mismo para que todos lo vieran, de nuevo el público se mostró satisfecho con el voluntario. Tras la ovación comenzó con su trabajo.

Le colocó las manos sobre la nuca y preparó el arnés de pecho, con sus manos rozó cada centímetro de su piel mientras lo cruzaba una y otra vez con las cuerdas, explicando paso a paso lo que estaba haciendo. Después preparó el arnés de las piernas, estar tan cerca de sus nalgas lo excitó. Tras pedirle permiso para quitarle los pantalones Abel accedió, se deshizo de aquella prenda, dejando a la vista el jockstrap que lucía. “Me va a dar algo” pensó Fran:

- Cuidado con este chico una vez que termine el show – dijo Fran al micrófono – viene a por todas.

La gente rió con el comentario, acto seguido y manteniendo la calma, siguió haciendo el arnés de piernas. Una vez acabado pasó las cuerdas por el anillo que colgaba del techo y, tras asegurar todas las cuerdas, lo suspendió. El público enloqueció. A la luz del foco pudo observar como Abel sudaba, también pudo ver como el rabo le oprimía la ropa interior, muy mojada por el subidón. Tras darle un par de vueltas en aquel anillo lo dejó mirando hacia sí:

- Dios que pasada – dijo Abel, colgando todavía del techo.

Fran le acarició la pierna como signo de aprobación antes de liberarlo. Una vez estuvo libre de sus ataduras volvió a cogerle de la mano y a girarlo sobre sí, de nuevo el público enloqueció. En aquel momento, cuando le devolvieron la ropa, le estrechó la mano y, antes de bajar del escenario, se le acercó mucho, Abel lo agarró del chaleco y le dio un beso en la boca. Dejándose llevar le devolvió el beso, a la vez que acariciaba sus nalgas. Se sintió muy afortunado de llevar la máscara en aquel momento. Cuando acabaron bajo del escenario, pidiendo un aplauso muy fuerte para el voluntario. Sus amigos lo vitorearon a más no poder.

Fran se despidió de su público y bajo del escenario para reunirse con sus amigos, no sin antes tener una charla con los organizadores. Sus amigos estuvieron encantados con lo que hizo, un trabajo brillante. Tomaron algunas copas antes de volver a casa. En cuanto se desnudó para darse una ducha fría pudo ver como un papel caía de su chaleco, en él había un número de teléfono. Parecía que aquella noche se había ganado un admirador más, aunque no recordaba quién había podido meterle aquél papel en el bolsillo.

Se tumbó desnudo en la cama y hundió la cabeza en la almohada. Con el rabo todavía duro a pesar de la ducha fría, comenzó a frotarse contra el colchón, pensando en lo que había ocurrido aquella noche. Terminó masturbándose con la mano, llenándose todo el pecho de leche, pensando cómo se hubiera follado a su joven alumno mientras estaba suspendido en el techo de aquél local.