A los 17 - Mi participación al Certamen de Relatos Cortos LGTB de web Kedacon ~ Hunklopedia

lunes, 14 de octubre de 2013

A los 17 - Mi participación al Certamen de Relatos Cortos LGTB de web Kedacon

Noviembre había entrado con fuerza en la ciudad. Una fría brisa invernal atravesaba las calles abarrotadas de gente a primera hora de la mañana. La situación en el metro no era muy diferente, cientos de personas se dirigían a sus lugares de trabajo, como cada mañana. Entre el gentío Alex aprovechaba una de las pocas oportunidades que tenía para leer uno de sus libros favoritos antes de entrar a clase.

Hacía tiempo que había empezado el bachillerato y, por sus notas, no tendría problemas para entrar en una buena universidad. Era de complexión delgada, alto y moreno, sus ojos azules y media melena hicieron que fuera el centro de atención entre las chicas de su clase, la barba de tres días que llevaba le daba un toque masculino y varonil, haciendo que aparentaba algunos años más de los que realmente tenía. El fútbol era su mayor hobby, jugaba en un equipo de los primeros puestos de la clasificación regional, con lo que los entrenamientos duros eran habituales.


El metro seguía avanzando por los oscuros túneles. Alex echó la última ojeada al libro que tenía entre las manos, sabiendo que pronto se detendría. En cuanto el metro se detuvo cerró el libro y se abrió paso hasta la puerta. Antes de que se abriera ya podía ver que su compañero de clase y equipo estaba despatarrado en los bancos de la parada. Era Dani, un gran amigo. Entraron juntos en el mismo equipo, después de conocerse la amistad no tardó mucho en surgir, el fútbol no era lo único que tenían en común. Ambos disfrutaban de las tardes en la playa y la buena música, aficiones que solían compartir a menudo. A pesar de pasar mucho tiempo juntos Dani no había aprendido mucho de Alex, era todo lo contrario a él en los estudios: siempre llegaba tarde a clase, suspendía muchos exámenes y no parecía tener intención de cambiar. Lo único que consiguió Alex fue hacer que llegara a tiempo a clase.

En cuanto se abrieron las puertas del metro Alex se acercó a Dani, éste se levantó del banco y lo recibió chocándole las cinco. Tras la típica charla de todas las mañanas cuyo tema central era “No sé cómo me convenciste para venir tan pronto” se dirigieron juntos a clase. Dani era algo más alto que Alex, de espalda ancha y pelo corto, tenía la costumbre de ir con la camisa entreabierta y con las solapas hacia arriba, dejando a la vista el vello de su pecho. A pesar de su aspecto de macarra de barrio era buena persona y no dudaba en ayudar a la gente cuando lo necesitaba.


Alex siempre sintió cierta curiosidad por Dani, por su persona, por lo que se le pasaba por la cabeza, pero rara vez hablaba de sí mismo. Le importaba mucho como amigo, y sabía que él pensaba igual, de lo contrario no hubieran sido amigos durante tanto tiempo. Tras un rato andando llegaron al instituto, tras saludar a sus compañeros entraron en clase juntos.

Las horas se hacían eternas entre aquellas cuatro paredes. Los compañeros de clase hablaban entre ellos sin cesar mientras hacían ejercicios y problemas, pero a Dani no le importaban demasiado los resultados. Ojeaba el móvil como de costumbre, intentando enterarse de cuándo tenían entrenamiento de fútbol. Alex le susurró la hora al oído como siempre para que no tuviera problemas con los profesores, otra vez. Cuando sonó el timbre que indicaba la salida de clase los dos se apresuraron a ir a la misma parada de metro, como cada día. En unas pocas horas tenían que ir a entrenar y no podían perder el tiempo.

Se despidieron en el andén y volvieron a casa. Horas después volvieron a encontrarse en el campo de fútbol donde entrenaban, no muy lejos del centro de la ciudad. Estaban preparando una serie de partidos importantes con lo que el entrenamiento fue duro, pasaron horas corriendo y entrenando las jugadas. Un pitido de silbato indicó el final de la jornada. Fueron a los vestuarios, agotados, a ducharse y a descansar. El ambiente en el vestuario era bueno, todos los compañeros de equipo se llevaban bien entre ellos, no había mayores problemas. Se dedicaban a andar desnudos por la estancia, azotándose con las toallas mojadas. Los que estaban en las duchas miraban con disimulo, unos, y otros sin ningún pudor, los miembros de sus compañeros, compitiendo por ver quién la tenía más grande.

Alex y Dani siempre eran los últimos en prepararse, siempre encontraban alguna distracción para acabar los últimos. Los últimos compañeros salieron ya vestidos con sus bolsas de deporte al hombro de la estancia mientras ellos estaban mirando a la pared terminando de secarse con la toalla después de ducharse. Siempre aprovechaban aquél momento para hablar entre ellos, era el único instante en el que conectaban de alguna manera. Alex miró de nuevo el pecho cubierto de vello de Dani sin que él se diera cuenta, le resultaba curioso que siendo tan joven pudiera tener tanto pelo:
  • ¿Has terminado los trabajos de clase? – preguntó Alex mientras se ponía la ropa interior.
  • Creo que ya sabes la respuesta a esa pregunta – dijo Dani mientras echaba la toalla al suelo.
  • Como de costumbre, ¿quieres que te los pase? – dijo mientras buscaba los calcetines en la bolsa de deportes.
  • No hace falta, sabes que paso.
Alex suspiró, no se sorprendió de su respuesta. Cuando dio con los calcetines y fue a ponérselos pegó un resbalón en el suelo mojado, estuvo a punto de caer al suelo de no ser por Dani, que lo cogió por la cintura justo a tiempo y lo ayudó a levantarse. Los dos quedaron cara a cara mientras Dani todavía sujetaba su cintura. Cruzaron la mirada durante un fugaz instante:
  • Lo siento, soy un torpe – dijo Alex – gracias por cogerme.
  • No es  nada, este sitio se cae a pedazos, ¿estás bien?
Alex no dijo nada, se limitó a mirarlo de nuevo a los ojos, casi por instinto, su mirada lo atravesó como una navaja. Un ruido fuera del vestuario lo sacó de aquél pequeño trance, uno de sus compañeros de equipo entró en la sala. Alex llevó su mano al hombro de Dani y, sin que apenas tuviera tiempo para reaccionar, le arrancó uno de los pelos solitarios que ahí tenía. Dani soltó un quejido y se separó de él:
  • Mira, uno menos – dijo Alex echando el pelo al suelo, ante la mirada de su compañero de vestuario – venga vamos a acabar de vestirnos que si no no salimos.
Aquel rápido movimiento evitó que se difundiera algún rumor del que luego se arrepentirían. Terminaron de vestirle y después los dos compañeros y el que los había interrumpido salieron del vestuario. Alex y Dani volvieron a la parada de metro como de costumbre y se quedaron esperando en el banco, aquella vez no mediaron palabra, simplemente se dedicaron a mirar al suelo. Aquella noche Alex se preguntó qué significaba aquella mirada, estaba confuso, tal vez no fuera nada al fin y al cabo, pero no podía evitar pensar que si no los hubieran interrumpido hubiera pasado algo.

Ese mismo fin de semana jugaron el partido para el que se estaban preparando. Las gradas estaban abarrotadas y la expectación cubría el aire. Alex y Dani fueron los protagonistas de la jugada decisiva, marcando el gol que sentenció el partido en el último minuto. Sus compañeros los cogieron en volandas mientras festejaban el triunfo. Aquella noche todos salieron a celebrarlo, a pesar de que no solía beber Alex tomó algo con sus compañeros, todavía era consciente de todo lo que pasaba en el bar mientras que Dani ya estaba dando tumbos. Al final de la noche tuvo que llevarlo a casa, como alguna que otra vez antes.

No había nadie cuando llegaron a su casa. Alex lo llevó hasta su habitación, pesaba mucho y no parecía colaborar en moverse. Lo dejo caer en su cama entre risas, pero su peso lo arrastró con él hasta quedar tumbado sobre su pecho. Hubo otro cruce de miradas, éste no lo interrumpió nadie. Sus corazones latían con fuerza el uno junto al otro, en ese momento Dani le agarró la nuca y lo besó en la boca. Al principio tenía dudas, nunca se imaginó que algo así pasaría, sin embargo lo llevaba sospechando desde hacía mucho tiempo. Dejó de importarle cuando los dos colaboraron en quitarse la ropa y continuaron besándose en la boca, luego en el cuello, y luego en cada otro centímetro de sus cuerpos. Se amaron hasta quedarse sin fuerzas.


Los primeros rayos del sol los despertaron, por suerte los padres de Dani no aparecieron. Alex apoyó su cabeza sobre el pecho peludo de Dani y le preguntó que qué harían; él optó por guardarlo en secreto, aquello era algo que no debía saber nadie, pues les traería problemas. Se besaron en la boca, sin decir nada más, antes de despedirse. A partir de entonces se veían casi en secreto, siempre vigilando que alguien conocido pudiera verlos, compartiendo sus cuerpos en la oscuridad y aparentando normalidad frente a la gente.

Aquél secreto no duró mucho. Tuvieron un descuido fatal cuando se besaron en los vestuarios, pensando que nadie entraría de nuevo. Uno de sus compañeros de equipo y de clase los vio a escondidas y la verdad se propagó como un reguero de pólvora. Desde entonces se enfrentaron a diario a las miradas de sus compañeros y a los comentarios. Alguna vez incluso trataron de pegarles, pero tenían suficiente fuerza como para defenderse. En el equipo tampoco les daban cuartel, todos los miraban mal y apenas colaboraban con ellos en los partidos. La situación llegó a tal punto que se plantearon contárselo a su familia para huir de aquella situación, pero el miedo se lo impidió, pues no sabían cómo reaccionarían al respecto.

El límite de aquella situación se alcanzó cuando estuvieron a punto de golpear a Alex con una silla en uno de los recreos en el colegio, al grito de “maricón”. Dani pudo pararla a tiempo, justo cuando uno de los profesores entraba en el aula. Los padres de ambos jóvenes se enteraron de todo cuando los profesores los reunieron para hablar del incidente. Temían que sus padres fueran a rechazarlos o incluso llevarlos a algún psicólogo por ser como eran, pero ninguno de aquellos miedos se materializó aquél día. Sus padres les mostraron su apoyo en la causa e incluso aportaron soluciones al problema, como cambiarlos de colegio, pero Dani se negó, tuvo una idea para acabar con todo el rechazo de una vez por todas.

El siguiente partido de fútbol de la temporada era decisivo para todos. Mientras lo estaban jugando sus compañeros de equipo apenas colaboraban con ellos; su derrota era inevitable, más aún con el marcador en empate. Entonces, en el momento en el que todo parecía perdido, Dani arrolló a su propio compañero de equipo, quitándole el balón, y avanzó junto con Alex a la portería. Tras el pase Álex chutó el balón, marcando el gol que les dio de nuevo la victoria. En ese momento Dani tomó a Alex entre sus brazos y lo besó con fuerza delante de toda la gente que había asistido al partido. Después de soltarlo gritó con todas sus fuerzas:
  • ¡El maricón tiene que pasar por encima de sus compañeros de equipo para ganar el partido! – dijo mientras agarraba la mano de Alex y la levantaba al aire - ¡Sigo siendo igual de bueno aunque me gusten los hombres, espero que lo podáis valorar para la próxima vez!
Ambos abandonaron juntos el campo, de la mano, y fueron al vestuario. La actitud de Dani sorprendió a Alex, no contó con aquella respuesta y temió lo que pudiera pasar. Ante su sorpresa, aquella muestra de valor surtió efecto, todos sus compañeros de equipo, totalmente avergonzados, se disculparon por su actitud y su falta de deportividad. Lo mismo ocurrió en clase los días posteriores al partido, los compañeros dejaron de acosarlos y, aunque algunos no hablaban con ellos, muchos se disculparon.


A partir de aquél momento dejaron atrás el miedo que tenían; iban tranquilamente de la mano por clase, sin armarios que los ocultaran de las miradas. Salían juntos siempre que podían y continuaban con su vida con normalidad, salvo que, cuando la puerta del metro se abría cada mañana y uno esperaba al otro, se recibían con un beso. Algo que, en el fondo de su alma, los dos siempre quisieron hacer.


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