Sus labios se separaron de aquel beso de ensueño. Los dos habían
pisado terreno peligroso, ¿serían capaces de continuar por un nuevo
sendero o darían la vuelta para volver a la normalidad? Ambos entraron en el
hotel, la recepcionista parecía conocer de vista a Evan, lógicamente no era la
primera vez que se hospedaba en aquel hotel, lo que hacía que surgieran más
preguntas en la mente de Ethan. Le pasó las llaves de una habitación. Ambos
fueron a tomar algo a la cafetería.
Se sentaron en una mesa junto a la ventana, en seguida las
camareras les atendieron. Añadieron todo a la cuenta de su jefe. Ambos estaban
disfrutando de la cita, pero debían de hablar de lo ocurrido antes, no era un
tema que pudieran tratar a la ligera, ninguno de los dos:
- No creo que mi jefe esté muy contento si se
entera de lo que está pasando aquí – dijo Ethan dejando la taza en el platillo.
- No se enterará, tiene demasiadas obligaciones –
dijo dando otro sorbo al café – lo sé muy bien.
- ¿Tienes algo con él? Aparte de lo lógico, claro
está – preguntó Ethan curioso.
- No lo sé, podríamos decir que él tiene algo
conmigo.
Evan le contó todo. Conoció a su jefe a través de una página
de contactos de internet, a partir de ahí comenzó todo: la primera cita, la
noche después… y las que quedaban por venir. Su jefe encontró en él algo que
había perdido, algo que quería atesorar sólo para él, por ello no le dejaba
acostarse con nadie más que con él. Para ello le pagaba bastante bien, aunque Evan no se lo tomara demasiado en
serio, pues hacía lo que se le antojaba después de estudiar.
No sentía nada por su jefe, sólo se limitaba a hacer lo que
le ordenaba y cobraba por ello; además el dinero que obtenía a cambio era el
único sustento que le permitía costearse los estudios. Pero algo cambió cuando
lo hicieron en el despacho del jefe, cuando vio aquella foto en el escritorio,
aquella foto de un joven igualito que él, aquella foto que vio mientras el jefe
estaba dentro de él, empujando su miembro con fuerza entre sus nalgas.
Cuando acabaron cogió el marco entre sus manos y miró la
foto detenidamente, eran muy parecidos: mismo cuerpo, mismo corte de pelo,
misma nariz, mismos labios… los ojos eran la única cosa que los diferenciaba,
el chico de la foto tenía los ojos más bonitos que había visto en su vida. Su
jefe le quitó la foto de las manos y la dejó en la mesa de nuevo. Evan no se
atrevió a preguntar quién era hasta la siguiente cita.
La siguiente vez que quedaron lo hicieron en la bañera de
hidromasaje de la casa de su jefe, vacía por el momento. Su jefe dejó las manos
en la cintura de Evan un rato después de que terminaron de hacerlo, no lo había
hecho antes, solía despedirse de él poco rato después de terminar, cuando lo
llevaban hasta donde quisiera (él o su jefe) en el coche privado de la empresa.
En cuanto pasaron a la cama Evan no pudo evitar preguntarlo, se tumbó sobre su
pecho desnudo, cubierto de vello en el que comenzaban a aparecer algunas canas
y mirándole a los ojos le hizo la pregunta: ¿Quién es él?
Su jefe no pudo mentir en aquella ocasión, lo pilló
vulnerable. El chico de la foto era su hijo, murió en un accidente de coche
hace algunos años. Todavía no había podido superar su pérdida, y menos después
del amor que había entre su hijo y él. Ahora aquel hueco lo rellenaba Evan, era
el único capaz de hacer algo así.
A Evan le desconcertó al principio la idea de que su jefe
viera a su hijo cuando se acostaba con él, no comprendía que alguien como el
jefe pudiera tener esa atracción por un hijo. Al principio tuvo ganas de
abandonar, de no verlo nunca más, pero aquel hombre era su único sustento en
aquel momento, así que continuó viéndolo y haciendo lo que le ordenaba a pesar
de lo que pensara, a pesar de que a veces no era todo lo considerado que
debería.
Aquél hombre tenía rachas, a veces lo trataba muy bien y
otras muy mal. Unas veces lo llevaba grandes hoteles como en el que estaban él
y Ethan ahora a dormir después de acostarse, a veces aparecía horas después,
otras no aparecía. Otras veces lo despachaba nada más terminar, dejándolo desnudo
sobre la mesa después de haber hecho el amor con fuerza salvaje. Era impredecible
hasta el último momento y muchas veces tuvo que anular sus citas con él por el
trabajo, pero no le quedaba más remedio que aguantar aquello.
Y así llegaron hasta el día de hoy, en el que lo dejó
sangrando en la mesa del escritorio.
Ethan asimiló cada palabra, estaba sorprendido por aquello,
no podía imaginar por todo lo que Evan había pasado hasta aquel momento.
Observaba atento a Evan mientras terminaba el café de la taza. No sabía qué
decir, pero Evan le tomó la delantera:
- ¿Y qué es de tu vida? – preguntó Evan - ¿Siempre
has sido secretario?
- No, verás…
Ethan tuvo una vida más fácil que la de Evan. Se crió en una
familia adinerada de la ciudad. No tuvo grandes problemas para sacarse la
carrera de Administración y Dirección de Empresas en una de las mejores
universidades, y menos aún de encontrar trabajo después. Aquella empresa había
sido su primer trabajo, y esperaba que siguiera siéndolo por bastante tiempo.
Su entrevista de trabajo fue lo más curioso que le había
pasado en su vida, su jefe, aquél que le había ordenado encargarse de Evan
aquella mañana, lo había hecho pasar a aquel despacho. En el preciso instante
que se sentó delante de su escritorio lo miró de pies a cabeza, lo mandó
levantarse y darse la vuelta. Ethan lo hizo, preguntándose qué intenciones
tenía aquel hombre. Poco después ya estaba contratado, empezaba al día
siguiente como secretario personal.
- Mi vida no es tan interesante como la tuya –
dijo Ethan cruzando los brazos – Aquel hombre me contrató por tener otro
juguete del que sacar provecho algún día… Pero no me quejo, el dinero que me
paga lo merece.
- Con que los dos estamos con él por dinero… -
dijo Evan mientras se ponía en una pose pensativa – Interesante…
Ambos se rieron. La sonrisa de Ethan era como un sueño. El
tiempo volaba mientras hablaban de sus aficiones, vivencias, experiencias…
tenían mucho en común. Un rato más hablando y compartieron cosas que no le
hubieran dicho a nadie si no fuera especial para ellos. Nunca antes habían
hablado así con alguien, ¿se estarían enamorando?
Cuando empezaron a encenderse las luces de la cafetería
todavía continuaban hablando. Evan ofreció a Ethan quedarse en el hotel aquella
noche. Aceptó.
Subieron juntos a la habitación. En cuanto llegaron a la
puerta Ethan dudó, ¿Realmente estaba bien lo que estaba haciendo? ¿Le pasaría
factura aquella acción? Se quedó pensativo mientras Evan deslizaba la tarjeta
llave para abrir la cerradura de la habitación, no sabía qué hacer, todavía
estaba a tiempo de dar marcha atrás. Pero en aquel momento se disiparon todas
sus dudas, en el momento en el que Evan agarró su mano y lo miró a los ojos de
nuevo.
No tuvieron que mediar palabra, entraron juntos en la
habitación y cerraron la puerta tras de sí.
























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